Al parecer, la idea de la autora es que dejar para mañana cosas que bien podríamos hacer ahora mismo es una forma de infligir un daño a nuestro yo futuro (aunque no necesariamente dejemos de identificarnos formalmente con éste). Dado que la procrastinación es una práctica de lo más común entre los humanos, la autora infiere que es falso que tengamos una consideración especial por nuestro yo futuro --en realidad el artículo es una defensa de las teorías de la identidad personal basadas en la continuidad psicológica--.
Al final del artículo, la autora propone una "estrategia" para "curarnos" de ese mal hábito de dejar las cosas para mañana. Dice que, si la estrategia para hacer que empecemos a preocuparnos más por las otras personas es ponernos en sus zapatos (i.e. imaginar cómo sería ver las cosas desde su punto de vista) lo que deberíamos hacer es intentar ponernos en los zapatos de nuestro yo futuro. Independientemente del resto del artículo, me parece que esta "conclusión" no tiene ni pies ni cabeza.
Si la empatía es la solución, hay que ver qué se necesita para lograr esa empatía. En el caso de las otras personas, la respuesta suele ser sencillamente su cercanía. Lo que entendamos por "cercanía" es discutible. Puede tratarse de cercanía física o de cualquier otra clase, aunque de alguna manera creo que entendemos intuitivamente de qué se trata cuando declaramos --o intentamos-- estar cerca de otras personas. Me parece, además, que este tipo especial de "cercanía" es al menos una condición necesaria para el desarrollo de la empatía. La idea es que nadie se hace filántropo encerrado en una ermita, o al menos nadie estaría dispuesto a tomar a esta persona como un "sincero filántropo". Y hay una razón muy sencilla para esto. Acercarse a otras personas (ya sea en el sentido especial del que hablaba más arriba, o en cualquier otro) lleva implícito el riesgo de ser agredido. De alguna manera, la empatía se desarrolla a medida en que vamos venciendo ese natural recelo hacia los demás. No sé cuál de las dos cosas viene primero, si la "buena voluntad" de acercarnos a otras personas a pesar de los riesgos, o la experiencia de no ser agredido por ellas en sucesivos encuentros, pero estoy convencido de que ambas cosas están estrechamente relacionadas.
A estas alturas se estarán preguntando qué tiene que ver todo esto con la identidad personal y las recetas para curarnos de la procrastinación, pero lo cierto es que esas cosas también están, en mi opinión, estrechamente relacionadas. Mi yo futuro es diferente a cualquier persona en la que pueda pensar al menos en una cosa: me es imposible acercarme a él. No importa qué teoría suscriba sobre la identidad personal. De cualquier forma en que intente pensar en algo así como mi yo futuro, se trata de algo lejano. Aunque quiera pensarlo en pie de igualdad con el resto de las personas, no tengo forma vencer el miedo a la cercanía, sencillamente porque cualquier cercanía es imposible. Imaginarme "cercano" a mi yo futuro no es una conducta más "sincera" (ni más racional) que la del filántropo de la ermita. Curiosamente, el hecho de que en cierto modo me sea posible pensar en mi yo futuro de un modo similar al que pienso en otras personas, parece motivo suficiente para mi (¿natural?) recelo con respecto a él*. Es decir, por motivos similares a los que aduce la autora, puede sospecharse que de hecho tenemos una consideración especial por nuestro yo futuro, aunque no necesariamente positiva.
A todo esto, quizás la conclusión conclusión más útil que podemos extraer de esta reflexión, es que el análisis de la procrastinación no es una buena estrategia para aclarar disputas sobre la identidad personal. Es una conclusión un tanto paradójica, lo reconozco, pero creo que se debe a que la estrategia misma se presta para todo tipo de paradojas. No creo que tengamos (al menos en mi caso) una intuición clara de la noción misma de "procrastinación", y me parece que en todo caso bien puede tratarse de una confusión basada en nuestra pobre comprensión de temas relativos a la racionalidad y la acción (agenthood). De hecho, en algún momento la autora habla de algo así como "procrastinación racional" (en cierto sentido). Para complicar más las cosas, decide definir procrastinación basándose en nociones como las de "decisión libre", lo cual hace poco por aclarar el panorama. En otra sección distingue entre procrastinación ocasional (o de una sola vez) y procrastinación recurrente. Pero no entiendo cómo puede tener sentido este segundo tipo de procrastinación sin una noción de identidad personal que nos asegure que hay acciones (de hecho una misma acción) que una misma persona puede "dejar para mañana" varias veces a lo largo de su propia vida. Reconozco una vez más que mi perplejidad se debe seguramente a mi profunda ignorancia y mi superficial entendimiento relativos a estos temas. Sin embargo, me parece justo hacer constar que el artículo no me ayuda demasiado a remediar ninguna de estas dos preocupantes deficiencias.
Para terminar, creo que es más interesante plantearse otro tipos de preguntas al respecto. Por ejemplo
¿Es posible dejar de hacer algo? ¿Y dejar de hacer la misma cosa varias veces? (es decir, ¿hay acciones "abstractas", o sin "contexto"?
¿En qué se basan nuestros criterios para dividir nuestras acciones entre "importantes" y "triviales"?
¿Puede haber interferencias o superposiciones entre diferentes procrastinaciones relativas a diferentes motivaciones? (ver "motivanting cognitive complex" en el artículo de Perry linkeado en mi comentario en el post anterior)
Esto último, por ejemplo, me parece mucho más interesante. Por ejemplo, en este momento estoy escribiendo este post cuando en realidad debería estar durmiendo -- he asumido un compromiso laboral mañana temprano.-- ¿Se trata de una conducta de procrastinación? ¿O es "más importante" escribir esto que descansar para la larga jornada que me espera?
Quienes lean esto, --es optimista pensar en un número mayor que cero, pero parece ser la convención en estos casos-- ¿estarán buscando una excusa para no ponerse a cocinar o a lavar la ropa, o a desarmar el arbolito de navidad?
Prometo que mañana mismo me dedico a buscar las respuestas...
*Desde la filosofía del lenguaje, es interesante investigar cómo funciona la anáfora en este tipo de oraciones y contextos.
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Procrastinación estructurada (...no soy el único)
(y un día regresó, bienvenido a tu blog Pancho).
ResponderSuprimirAcercarse a un yo futuro es algo irreconciliable por eso del universo en expansión, un yo en expansión sin órbita predestinada, es como un pelotazo hacia delante (con viento a favor) – es decir con mucho por aventurarse, sin tiempos o rectas.
Entre el yo actual, con sus vicios y virtudes (algunos tienen mas de una o de la otra según sea su naturaleza) y el yo futuro, dista – como venís diciendo con la autora – un cierto tiempo de incertidumbre.
A veces es atemorizante aún para los mas aventurados, la idea de los acontecimientos futuros que impriman una nueva fuerza vectorial en mi, pero muchas otras veces es la misma fuerza del pasado la que ejerce un sentido determinante.
El pasado que vuelve sin aviso (por ejemplo): personas, fantasmas, esos muertos del placard, aquellos hechos que aunque olvidados o disculpados afloran sin aviso, como para recordarnos nuestras propias miserias.
Por eso, acercarse a otros implica (creo) básicamente reconciliarse primero con uno mismo, entonces quizá haya que acercarse a nuestro yo pasado, lo cual es si bien lógicamente tan incierto como acercarse a un yo futuro, podemos hacer sendos ejercicios de superación de nosotros mismos – con o sin ayuda – acercarse al yo pasado es igualmente incierto, porque básicamente nosotros somos distintos a nosotros en el pasado.
La revolución comienza primero por la auto-revolución… un abrazo.