Según cuentan, en mi barrio todos somos "hijos de dios". La otra siesta lo discutimos, y parece que la onda es que compartimos cierto código genético con el fulano. Sin embargo, a algunos de nosotros, los de la otra calle nos llaman "hijos del maligno". Suponemos que esto se debe a que es el diablo quien nos alimenta y nos cobija. Por las noches nos lee historias de hechiceros, marineros y dragones, y eso nos gusta. Claro que por la mañana nos arrastra a clase de educación sexual, y eso no siempre es divertido.
Intentan convencernos de visitar periódicamente a nuestro padre biológico, pero nosotros somos caprichosos, y preferimos quedarnos haciendo la tarea que pisar la casa de un buen señor que no se molesta en utilizar preservativos. ¿No se entera de que en el barrio cada vez somos más? ¿Nadie le avisa que le corresponde hacerse cargo?
Los vecinos casi nunca responden más que con algún inspirado escupitajo. Aunque se ve que se ponen un poco nerviosos, porque generalmente se van a seguir torturando gatos, o a bajar gorriones a pedradas. Ese tipo de cosas parece que los calma.
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miércoles, 15 de julio de 2009
miércoles, 6 de mayo de 2009
Imposibilidad de la eugenesia (Obviedad #12)
Dios existe, y es esquizofrénico. Es uno y es múltiple, es y no es eterno, inmaterial, inmutable, etc.
Matarlo equivale a resucitarlo, y viceversa.
Mierda de tipo...
Matarlo equivale a resucitarlo, y viceversa.
Mierda de tipo...
sábado, 22 de noviembre de 2008
Vagina Dentata
La sensación que alguien podría calificar como "sentimiento de lo divino" carece en su trivial, inapelable materialidad de toda relación con el juicio que afirma o niega la existencia de Dios.
Hay (o puede haber) un rincón desde el cual se huele, por instantes, el infinito.
Ese rincón no es siempre el mismo.
Y no siempre es un rincón.
Hay (o puede haber) un rincón desde el cual se huele, por instantes, el infinito.
Ese rincón no es siempre el mismo.
Y no siempre es un rincón.
martes, 26 de febrero de 2008
jueves, 10 de enero de 2008
IT Lord (Alabados Seamos)
Dios se levanta alrededor de las cinco y media. No descerraja truenos ni derrumba montañas cuando se golpea el pie contra el armario ni cuando se le derrama el café; putea bajito y con ganas, pero sin rencor --con el tiempo aprendió a llevarse bien consigo mismo--.
Llega a la oficina con tiempo para revisar algunos titulares y olvidarlos completamente antes de ponerse a trabajar. Una vez en su escritorio, que no es más grande ni más chico que cualquiera, se dedica a hacer lo de siempre. Lo de siempre viene siendo inventar; mentir con gracia y convicción, con paciencia y sin apuro. No se le ocurre que pueda haber alguien que no entienda el chiste, que no extraiga la valiosa moraleja, que no se emocione hasta las lágrimas o que inopinadamente comience a pedir explicaciones.
No le son ajenas las sofisticaciones formales, las complicadas topografías de coraje, coincidencias y descuidos que forman la trama opaca de lágrimas y mortales sudores. Aunque en el fondo, el Tipo sabe que su oficio está en los detalles. Se reconoce en esas calles que ya no existen, en los relojeros y los sastres que las animaron sin estridencias. Si pudiera, estaría orgulloso del minucioso claroscuro de maravillas que su celestial obstinación se empeña en poner a punto.
Algún día va a encontrar la forma de suprimir los adjetivos y algún que otro adverbio; por el momento, se resigna sencillamente a ir ampliando de a poco el ríspido y cacofónico inventario apresurado y un tanto incoherente para el cual --aceptémoslo-- no le falta talento.
Dios es un blogger sin estilo pero con empecinada constancia. Como tantos otros bloggers, tiene sus fanáticos, sus detractores y sus críticos. Él también, como tantos otros (de nosotros), tiene problemas para probar que existe más allá de sus entradas. Él también es una posibilidad feliz. Y a veces nos hace recordar que a veces también nosotros somos posibilidades felices. Y que a veces hay alguien detrás del blog.
(Ojalá) Que Así Sea.
Llega a la oficina con tiempo para revisar algunos titulares y olvidarlos completamente antes de ponerse a trabajar. Una vez en su escritorio, que no es más grande ni más chico que cualquiera, se dedica a hacer lo de siempre. Lo de siempre viene siendo inventar; mentir con gracia y convicción, con paciencia y sin apuro. No se le ocurre que pueda haber alguien que no entienda el chiste, que no extraiga la valiosa moraleja, que no se emocione hasta las lágrimas o que inopinadamente comience a pedir explicaciones.
No le son ajenas las sofisticaciones formales, las complicadas topografías de coraje, coincidencias y descuidos que forman la trama opaca de lágrimas y mortales sudores. Aunque en el fondo, el Tipo sabe que su oficio está en los detalles. Se reconoce en esas calles que ya no existen, en los relojeros y los sastres que las animaron sin estridencias. Si pudiera, estaría orgulloso del minucioso claroscuro de maravillas que su celestial obstinación se empeña en poner a punto.
Algún día va a encontrar la forma de suprimir los adjetivos y algún que otro adverbio; por el momento, se resigna sencillamente a ir ampliando de a poco el ríspido y cacofónico inventario apresurado y un tanto incoherente para el cual --aceptémoslo-- no le falta talento.
Dios es un blogger sin estilo pero con empecinada constancia. Como tantos otros bloggers, tiene sus fanáticos, sus detractores y sus críticos. Él también, como tantos otros (de nosotros), tiene problemas para probar que existe más allá de sus entradas. Él también es una posibilidad feliz. Y a veces nos hace recordar que a veces también nosotros somos posibilidades felices. Y que a veces hay alguien detrás del blog.
(Ojalá) Que Así Sea.
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