sábado, 31 de octubre de 2015
El celo de los devotos (Preaching to the Choir)
sábado, 28 de junio de 2014
martes, 17 de junio de 2014
Shaking and stirring
lunes, 18 de noviembre de 2013
Porfiado, de sombrero...
sábado, 20 de abril de 2013
Those lovable Poles...
martes, 26 de junio de 2012
Claridad conceptual
«Es bastante extenso.»
sábado, 27 de junio de 2009
Don Arturo vs. el resto de los alemanes
lunes, 18 de mayo de 2009
lunes, 30 de marzo de 2009
Identidad de los indiscernibles
martes, 3 de marzo de 2009
La última novela de Borges (Los sospechosos de siempre)
En sus conferencias sobre Borges y
Ahora bien, ante la pregunta de por qué no hay una novela de Borges, me permito aventurar la siguiente interpretación: toda su obra es una única novela. En su ensayo Borges novelista, Saer sostiene que en el centro de la teoría borgeana de la narración "hay un rechazo del acontecimiento, de la causalidad natural, de la inteligibilidad histórica y de la hiperhistoricidad que caracteriza al realismo”(…) Lo que caracterizaría a la novela como a la epopeya es una acumulación de acontecimientos que se agregan unos a otros y que se caracterizan por su variedad y su transformación * . Lo que quería proponer es que es intersante intentar pensar que en Borges hay a la vez, ese rechazo y la resignada aceptación de que cualquier esfuerzo humano participa de esa “imperfección estética” de la epopeya y la novela. Ante tal panorama, su apuesta (su destino) sería construir la novela sin novela, aceptar la complicidad con la novela que se escribirá inexorablemente, con o sin ayuda del autor. Esta actitud sí es innegablemente paradójica, y por qué no inevitable; lo que Borges ha sabido construir (en eso, creo yo, consiste su verdadera poética) es construir la sospecha de que todo este mecanismo forma parte de su obra, de su “proyecto”. Joyce escribe el Ulysses y no hay duda de que pretende construir una novela que contenga el mundo. Escribe una novela imposible, que es imposible de abarcar. Borges escribe cuentos cuya lectura conjunta (aunque sea parcial) aspira a lograr el efecto de una novela leída de manera fragmentaria, morosa o distraída; tal suele ser el destino de la novela de Joyce, incluso para ese gran lector que fue Borges. El tema del “lector distraído” viene de Macedonio Fernández, a cuya influencia (entre otras) imputa Saer la negativa borgeana de incursionar en el “género de la novela”.
Como en el caso de Joyce, este “programa” que aquí conjeturamos es una construcción ambiciosa, incompleta por definición, y a todas luces imposible. Pero en los infinitos intersticios de esta caja china se cuela algo que está más allá de las ambiciones técnicas o “formales”; un resto incomputable, indecidible, que se decanta más bien hacia la sospecha, hacia la duda, hacia el horror o la maravilla. De esta manera, su obra completa puede ser leída como una novela fantástica; pero puede también irrumpir como un hecho fantástico, inexplicable, un objeto a la vez recursivo y anti-recursivo, que se agota y no se agota a sí mismo. Curiosamente, es el efecto que suele provocarnos la experiencia de ciertos prodigios (como pueden ser la buena literatura, o la auténtica genialidad).
*De Borges todavía, Guillermo Martínez.
miércoles, 17 de diciembre de 2008
Sísifo, Bartleby y la escritura
En cierto sentido, el caso de Sísifo es similar al de Tántalo. Podríamos imaginar que ante la perspectiva de la eternidad, librarse del deseo sería un desafío más bien trivial. Sin embargo, el castigo de Tántalo no es la incómoda circunstancia de que la satisfacción permanezca cercana y al mismo tiempo inalcanzable. La condena que le ha sido impuesta es precisamente la imposibilidad de renunciar al deseo.
Del mismo modo, no hay látigo que obligue a Sísifo a llevar a cabo su tarea. O, en todo caso, el látigo es Sísifo, la cadena es ese trabajo que le pertenece únicamente a él, y al que él pertenece por completo.
Podría decirse que el placer y el dolor, la esperanza y la resignación, le son por completo indistintos. Al fin y al cabo, no forma parte de su tarea distinguir entre unos y otros. Es como si en ello residiera justamente su épica, banal, inapelable dignidad.
Enfrascado en una eternidad de otra índole, Bartleby repite “preferiría no hacerlo”. Y así trama un movimiento tan consistente, tan coherentemente idéntico a sí mismo, que termina – o comienza – por anular la repetición.
Sísifo desaparece en el ciclo eterno de su tarea. Bartleby se inventa en un porfiado desaparecer.
Los mitos prescinden del poeta, e incluso de la leyenda. Pero no hay escritor que no sea, a su manera, Sísifo y Bartleby.
Ambos mitos perduran como un gesto: el gesto del que están hechos (entre otras cosas) el arte y el olvido.
sábado, 30 de agosto de 2008
La forma de la lupa
martes, 19 de agosto de 2008
El humo y los bosques
Me pasó, entre los que creo recordar, con Bartleby, con Moby Dick, con El señor de las moscas, con El corazón de las tinieblas, con Hojas de hierba, con El Amante (hace semanas) y con El entenado, de Saer, hace unas pocas horas.
A veces, al llegar al final de un libro, la vida ya está vivida. Los pecados han sido todos cometidos; las maravillas nítidamente enumeradas; los límites, trazados y vueltos a desdibujar.
Comenzamos, otra vez por vez primera, nuestra precaria infancia milenaria.
domingo, 24 de junio de 2007
Una hipótesis*
B: De años, fíjese. Pero le repito que es inofensivo...
A: Se lo ve algo preocupado...
B: Imagínese usted... Se le ha puesto que anda en problemas con la justicia. Yo digo que eso le
quita el sueño a cualquiera.
A: ¿O sea que está acusado de algo? No será tan inofensivo entonces...
B: Nunca se sabe, vio? Yo por las dudas le pregunté a la Mecha, que el marido anda en eso del Juzgado... Igual parece que no se enteró de nada, así que no se preocupe. Para mí que no anda muy bien de la cabeza el pobre señor K. Usted sabe cómo se pueden poner algunos hombres cuando les falta, cómo decirle... la compañía femenina.
A: Ah, vive solo entonces...
B: Hasta donde tengo noticias. Claro que a veces no parece... No sé cómo explicarle... El caso es que a veces se le da por hablar solo, pero.... pero como si no estuviera solo, vio? Ojo, no se vaya a creer que una es de ésas que se andan metiendo en la vida de los demás de puro aburridas, o de puro chismosas. Lo que pasa es que con estas paredes tan finas... Si a veces es como si lo tuviera instalado al lado mío, ahí mismo en la cocina, fíjese.
A: Y supongo que tampoco estará enterada de a qué dedica el resto de su tiempo...
B: Sé lo que sabe todo el mundo. Que no es mucho, le repito. A veces sale a la mañana temprano y no vuelve hasta la noche. Claro que a veces pasan días sin que se lo vea afuera del departamento. Me parece que fue una herencia. Sí, una herencia, hace algunos años... Pero no se vaya a creer cualquier cosa... conmigo ha sido siempre de lo más puntual. Todos los primeros de mes, sin falta, me encuentro su sobre en el buzón. Es un alivio, le digo, porque lo que es el resto de los inquilinos... Si a veces he llegado hasta a las amenzas, con tal de que se dignen abonarme la miseria de alquiler que les cobro. ¿A usted le parece? Hacerle pasar estos disgustos a una viuda como yo...
A: Comprendo. ¿Me decía que no ha observado ninguna conducta sospechosa?
B: Bueno, si es por sospechar... Le digo que nunca falta un lengua floja que me venga con el chisme de que lo vieron en tal o cual barrio de mala muerte, y encima a altas horas de la noche. Pero yo les paro el carro ahí nomás, no se vaya a creer... Yo les digo que por qué no se ocupan de sus asuntos antes de andar ensuciando a una persona honrado. Porque le aclaro que el señor K es un pan de Dios, lo que se dice una persona intachable.
A: ...
B: Tendrá sus cosas... como todos, digo yo. Pero dígame usted: ¿quién no anda un poco trastornado hoy en día, con todas las cosas que pasan en el mundo? Si el hombre es incapaz de matar una mosca, como lo oye. Ahora parece que anda pensando en conseguirse una mascota. Cualquiera sabe que una persona que ama a los animales no puede ser un criminal. Yo nunca permití animales en los departamentos, claro. Pero a esta edad una se va ablandando, y a veces se puede hacer una excepción, no le parece? Porque yo digo que para un hombre soltero como él, y además tan aficionado a las caminatas, sería ideal un compañero fiel y honesto, un animal confiable y noble... "Como un perro" creo que le escuché murmurar. Personalemente, prefiero los gatos; pero parece que está decidido, porque, ahora que lo pienso, éso es lo único que dice últimamente: "Como un perro, como un perro, como un perro..."
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*Si no leíste El Proceso (de Kafka), ni te molestes en leer este post. Molestate mejor en leer El Proceso, que te va a sacar las ganas de andar perdiendo el tiempo con blogs idiotas (de un servidor)
domingo, 5 de noviembre de 2006
Roberto Arlt y el estilo
Palabras del autor (1931)
ROBERTO ARLT
Del libro Los lanzallamas (Ed. Losada, Buenos Aires, 1977)
Con Los lanzallamas finaliza la novela de Los siete locos.
Estoy contento de haber tenido la voluntad de trabajar, en condiciones bastante desfavorables, para dar fin a una obra que exigía soledad y recogimiento. Escribí siempre en redacciones estrepitosas, acosado por la obligación de la columna cotidiana.
Digo esto para estimular a los principiantes en la vocación, a quienes siempre les interesa el procedimiento técnico del novelista. Cuando se tiene algo que decir, se escribe en cualquier parte. Sobre una bobina de papel o en un cuarto infernal. Dios o el Diablo están junto a uno dictándole inefables palabras.
Orgullosamente afirmo que escribir, para mí, constituye un lujo. No dispongo, como otros escritores, de rentas, tiempo o sedantes empleos nacionales. Ganarse la vida escribiendo es penoso y rudo. Máxime si cuando se trabaja se piensa que existe gente a quien la preocupación de buscarse distracciones les produce surmenage.
Pasando a otra cosa: se dice de mí que escribo mal. Es posible. De cualquier manera, no tendría dificultad en citar a numerosa gente que escribe bien y a quienes únicamente leen correctos miembros de su familia.
Para hacer estilo son necesarias comodidades, rentas, vida holgada. Pero por lo general, la gente que disfruta de tales beneficios se evita siempre la molestia de la literatura. O la encara como un excelente procedimiento para singularizarse en los salones de sociedad.
Me atrae ardientemente la belleza. ¡Cuántas veces he deseado trabajar una novela, que como las de Flaubert, se compusiera de panorámicos lienzos…! Mas hoy, entre los ruidos de un edificio social que se desmorona inevitablemente, no es posible pensar en bordados. El estilo requiere tiempo, y si yo escuchara los consejos de mis camaradas, me ocurriría lo que les sucede a algunos de ellos: escribiría un libro cada diez años, para tomarme después unas vacaciones de diez años por haber tardado diez años en escribir cien razonables páginas discretas.
Variando, otras personas se escandalizan de la brutalidad con que expreso ciertas situaciones perfectamente naturales a las relaciones entre ambos sexos. Después, estas mismas columnas de la sociedad me han hablado de James Joyce, poniendo los ojos en blanco. Ello provenía del deleite espiritual que les ocasionaba cierto personaje de Ulises, un señor que se desayuna más o menos aromáticamente aspirando con la nariz, en un inodoro, el hedor de los excrementos que ha defecado un minuto antes.
Pero James Joyce es inglés. James Joyce no ha sido traducido al castellano, y es de buen gusto llenarse la boca hablando de él. El día que James Joyce esté al alcance de todos los bolsillos, las columnas de la sociedad se inventarán un nuevo ídolo a quien no leerán sino media docena de iniciados.
En realidad, uno no sabe qué pensar de la gente. Si son idiotas en serio, o si se toman a pecho la burda comedia que representan en todas las horas de sus días y sus noches.
De cualquier manera, como primera providencia he resuelto no enviar ninguna obra mía a la sección de crítica literaria de los periódicos. ¿Con qué objeto? Para que un señor enfático entre el estorbo de dos llamadas telefónicas escriba para satisfacción de las personas honorables:
"El señor Roberto Arlt persiste aferrado a un realismo de pésimo gusto, etc., etc."
No, no y no.
Han pasado esos tiempos. El futuro es nuestro, por prepotencia de trabajo. Crearemos nuestra literatura, no conversando continuamente de literatura, sino escribiendo en orgullosa soledad libros que encierran la violencia de un "cross" a la mandíbula. Sí, un libro tras otro, y "que los eunucos bufen".
El porvenir es triunfalmente nuestro.
Nos lo hemos ganado con sudor de tinta y rechinar de dientes, frente a la "Underwood", que golpeamos con manos fatigadas, hora tras hora, hora tras hora. A veces se le caía a uno la cabeza de fatiga, pero…. Mientras escribo estas líneas pienso en mi próxima novela. Se titulará El Amor brujo y aparecerá en agosto del año 1932.
Y que el futuro diga.
Roberto Arlt
lunes, 23 de octubre de 2006
Salvo el crepúsculo y otros haikus famosos
Salvo el crepúsculo es, hasta donde yo sé, el título del último libro de Cortázar. No del último en llegar a las librerías, aclaro (ése seguramente consta de una lujosa edición remasterizada de sus cuentos más famosos, o algo por el estilo). Al final de su vida al tipo se le ocurrió escribir una especie de blog de despedida. Hay de todo:
*apuntes varios,
*entradas de algún diario(acaso al diablo le pueda importar si apócrifas o no),
*fragmentos inclasificables o sencillamente nunca clasificados,
*poemas,
*textos en varios idiomas (muchos casi por completo desconocidos para el autor)
*y unas cuantas cosas más...
El título es un guiño al lector más o menos “leido”* (*la acentuación es de mi barrio), así como una trampita bienintencionada al desprevenido ojeador de habla hispana, que puede entusiasmarse con cierto “rescate” de último(s) momento(s), perpetrado con ese brillo ya lejano pero inconfundible de todo genio. Nada de eso. El libro está escrito por un adolescente eterno, desmañado y tempranamente echado a perder por las letras en general y el impúdico ejercicio de la literatura en particular. Y esas cinco sílabas corresponden al último verso del haiku más famoso de todos. Su autor fue, como corresponde, el más famoso autor de haikus, Matsuo Basho (1644-1694). Según Wikipedia, su nombre era, seudónimos aparte, Matsuo Munefusa. Ésta es la dirección del artículo en español: http://es.wikipedia.org/wiki/Matsuo_Basho (muy interesante, aunque habría que emprolijarlo un poco).
El haiku en cuestión es el siguiente:
Este camino
ya nadie lo recorre
salvo el crepúsculo.
Matsuo Basho(o)
Lo más interesante del haiku es la forma. Se trata de un poema de tres versos, cuya distribución es la siguiente : 5 sílabas en el primer verso; 7 en el segundo; y 5 en el tercero. Carece de rima y es una unidad formal autónoma; en ocasiones son los versos con que da comienzo una forma llamada haikai no renga, y entonces se los llama hokku, pero todo esto hay tengo que dejarlo a los profesores de literatura, o a su propia curiosidad. (A propósito, el artículo en español para haiku es éste: http://es.wikipedia.org/wiki/Haiku , también está un tanto desprolijo, pero ya se va a arreglar.) Decía que lo más interesante es esa forma, tan reducida, que hace que todo haiku sea virtualmente metafórico. Los lectores tenemos solamente 17 sílabas de donde agarrarnos, y es muy difícil no caer en la tentación, la esperanza o el espanto de que ahí esté contenido el universo. Afortunadamente, los que se dedican a componerlos intentan evitar tamaños vértigos borgeanos; apelando, generalmente, a temas de lo más sencillos (como, por ejemplo, aquellos que contienen todo el universo). De los muchos libros que más quiero, hay uno que se llama “Rincón de Haikus”, y es de Mario Benedetti. /// inciso cortazariano: alegría inmensa del cronopio al enterarse que algún alma caritativa o inescrupulosa ya lo colgó completo de internet: http://www.terebess.hu/english/haiku/benedetti.html ///. En la nota previa se van a enterar de muchas cosas interesantes sobre los haikus, además de extensivas referencias bibliográficas (ah, Benedetti escribe Bashoo donde yo escribí Basho, pero les aseguro que hablamos de la misma persona). Oriental al fin, el viejo resulta ser un maestro en el tema de las 17 sílabas, y confieso que es a él, y no al otro viejo más viejo y más oriental, al que intento plagiar con poca gracia y menos éxito. Aunque se bajen la página, no dejen de comprarse, si pueden, la edición en papel, que es una obra maestra (sin ilustraciones) de la que puede aprender muchísimo más de un diseñador gráfico despistado.
Para que no se les ocurra desconectarse sin leer al menos algunas de esas maravillas, les dejo los que me acuerdo de memoria (no les pongo el número porque no quiero ni espiar el Explorer; total, si cambio alguna palabra y arruino todo, ya saben a quién culpar)
*******
los grillos rezan
pero son oraciones
iconoclastas
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nada conforta
como una teta tibia
o mejor dos
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el preso sueña
algo que siempre tiene
forma de llave
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el pobre dios
tan solo tan sin nadie
y tan sin vírgenes
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reveló el papa
que no hay cielo ni infierno
vaya noticia
(acá sí hice trampa, yo me acordaba: “qué novedad”)
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los pistoleros
no se arrepienten / piden
mejores cómplices
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Aclaración: en la poesía existe una convención sobre la métrica. Creo que se basa en el efecto que producen los versos al ser leídos, aunque no estoy muy seguro. Es la siguiente: a los versos terminados en palabras agudas se los cuenta como si tuvieran una sílaba más (“dios”, que es monosílabo y por lo tanto aguda, entre tantas otras cosas); a los terminados en esdrújula se les resta una (“cómplices”); los que terminan en palabras graves se cuentan como están.
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Posdata obligada:
Este post lo escribí para celebrar la primera visita de alguien que no es ni familiar ni amigo íntimo (al menos hasta donde sé) y para prometerles que pienso seguir respondiendo a los posts; al menos hasta donde me dé el tiempo y la cabeza. Aparte, aclaro que no tengo tantas ideas, así que toda colaboración es bienvenida ;)
O sea; no sé si esto se ajusta al protocolo o manual de estilo de los blogs, pero lo que quería decir es:
Muchas Gracias, Marcia.
martes, 10 de octubre de 2006
Operación Masacre (R. Walsh)
Acabo de terminar “Operación Masacre”, de Rodolfo Walsh. Estoy profundamente confundido. Ahora veo claramente que no entiendo nada de literatura, no entiendo nada de política, de historia... Nada de esta “realidad” que, a falta de fórmulas más concisas, denominamos humana. No estoy seguro de que Rodolfo Walsh haya entendido más que yo, pero es el único que puede asestarme esta perplejidad vibrante y helada. Desde la imprenta, desde la tinta y la sangre, desde esa tumba ubicua y abierta que no existe y que es de todos, desde su cadáver acribillado y desaparecido, hay un tipo que logra que vuelva a mirar un libro como quien contempla un arma cargada.
Hoy pensaba postear el prólogo a “Los Lanzallamas” de Arlt. Ahora ya no le veo sentido. Igual no dejen de leerlo, y de rezar (o de dudar) por mí y por todos , que yo trataré de hacer mi parte. (No lo merezco, no lo merecemos; pero si no lo hacemos nosotros no lo hace nadie.)
