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lunes, 5 de marzo de 2007

Perspectivas (Parte del aire)

Los pintores flamencos se hicieron famosos por "pintar el aire". Los tipos le encontraron la vuelta, parece, y se pusieron a hacer cuadros en los que vemos no sólo los objetos que allí se representan, sino también --y mucho más importante-- el aire que los separa. Y todo esto sin tener grandes nociones de perspectiva (que al parecer es un costado más matemático, o analítico, del asunto, y que en realidad tiene más que ver con el "espacio" entre y detrás de las cosas; habilidad que sí dominaron, por la misma época, los maestros italianos). La gran pregunta es entonces: ¿y a quién le importa?. ¿Quién se desvela por el aire entre las cosas?.

Nadie o todos, según se lo vea. Nosotros somos el aire entre las cosas. Y cuando respiramos, queramos o no, respiramos humanidad.

De ahí viene el éxito de los flamencos. Y, entre otras cosas, también vienen los sonetos y las sinfonías, el hedor de los campos de concentración y el tibio perfume de los abrazos.

Pero volviendo a la pregunta: ¿a quién le importa todo esto?
Probablemente a nadie (alguna razón habrá para que me sienta tan ridículo publicando estas tonterías).

sábado, 6 de enero de 2007

El impaciente (con la pelota a otra parte)

Hay gente que no espera a que su interlocutor termine de hablar para decir lo suyo. Puede darse el caso, por supuesto, de que las buenas costumbres, el pudor o los menos sutiles coscorrones de la infancia le hayan enseñado a callarse la boca ante la parrafada ajena. Lo cual no impide al impaciente regodearse en dar forma a esa aguda réplica que nadie le pidió y que nadie muy probablemente nadie está interesado en conocer. En esos momentos es incapaz de escuchar más que como de reojo, tomando notas para completar su brillante e inapelable refutación. En los casos más graves, el impaciente reacciona ante otras formas de discurso, como por ejemplo libros, películas, artículos periodísticos, actitudes, etc. Hay impacientes que no se amedrentan ante comunicados, leyes, costumbres o inclusos signos divinos. Si existe un Dios, y ese dios intenta comunicarle algo, el impaciente tendrá algo que replicar. Incluso estando en silencio, el impaciente no se calla nunca, es un fastidio hasta para todos los que lo conocen e incluso para los que menos los conocen, es decir hasta para sí mismo.
El mío es justamente uno de esos casos sin esperanza. Y este blog es el síntoma más evidente de esa (acaso no tan) curiosa afección.

Es por eso que cuando Juan Sasturain se despacha con una ambigua apología de eso que no se sabe muy bien qué es y que por estas regiones se denomina con la palabra fútbol (o, más precisamente "pasión futbolera" y otras expresiones afines) no puedo esperar a terminar de leer el artículo para ponerme a escribir esto.
Aclaremos desde el vamos que no me gusta ni me interesa la práctica o la contemplación de ese deporte en particular. Y no, no existen argumentos para justificar mi aversión a tan popular pasatiempo --mejor dicho, se me ocurren miles, todos ellos exactamente igual de irrelevantes--. Dicho lo cual, quiero dedicarme al artículo.
El autor plantea la antigua y aburridísima discusión futbolera-antifutbolera y llega a la conclusión de que los argumentos de ambos bandos son equivalentes. Parece concluir que no hay razones que apoyen un ataque o una defensa del fenómeno del fútbol (chocolate por la noticia!), pero en la práctica plantea una defensa de hecho. Es claro que el tipo se ocupa más de atacar a los antifutboleros que del fútbol en sí. Pero pasemos al desarrollo de tremenda tontería circular. Para el tipo da lo mismo "groseramente hablando", ver un partido de fútbol qeu asistir al teatro o leer una novela. Dice que "la misma sensación de extrañeza y sinsentido" que produce la observación y descripción "objetiva" del fenómeno del fútbol aparece ante la observación análoga de cualquier otra actividad humana. Lo cual no deja de ser tan cierto como irrelevante. La prueba está en el último parrafo, que transcribo:

"La experiencia futbolera tiene -para el que pueda o quiera- con qué alimentar la aventura la aventura personal de inventarse un sentido."

O sea, según sus propias palabras, más o menos lo mismo que cualquier otra experiencia. Si el fútbol es, como él dice "indefinible", no será también, por paradójico que parezca, indefendible por definición?
Cualquier hijo de vecino declara la importancia de una saludable falta de prejuicios, (pocos se ponen a reflexionar que eso es imposible y hasta inconcebible). Claro que un troglodita prejuicioso como yo es políticamente incorrecto y no sabe nada de nada, y un tipo al que no le gusta el fútbol es seguramente un maricón o un retrasado mental*, eso lo sabe cualquiera. Será por eso que desde mi oscura caverna no me resigno a aceptar ese atajo posmoderno que quiere "inventar un sentido" para esquivar el verdadero trabajo de buscar un sentido. Mi obtusa arrogancia me lleva incluso a condenar esa ancestral y respetada "actividad humana" que es decir estupideces haciéndolas pasar por profundos conceptos producto de aun más profundas reflexiones. Y a preferir mil veces leer un mal artículo de Sasturain que dedicarle esos minutos a la definición del mundial de fútbol. Pero así soy yo, o más bien : "por lo menos, así lo veo yo" ;)

*es evidente que para mí ninguna de estas clasificaciones o descripciones consisten en un insulto por el que pueda sentirme ofendido, pero recordemos que en un ambiente futbolero, su connotación es explícitamente ofensiva, y por eso las utilizo.

Versiones olvidables (y de las otras)

La mirada más escéptica advierte que no hay nada nuevo bajo el sol. Llevada al extremo, nos indica que incluso la más radical originalidad es una neo-originalidad (a alguien se le tiene que haber ocurrido antes eso de querese original). En el otro extremo, tendríamos al optimista rabioso, ese que proclama que cada vez que se canta una canción o se lee un poema (o se proyecta una película, por ejemplo) estamos ante un originalísimo e irrepetible fenómeno estético. Ambos tienen razón, por supuesto. Llevadas las cosas a estos extremos, no hay creación ni tampoco plagio posible. Porque, aunque no sepamos quién es el autor, sabemos que a alguien se le ocurrió antes; y porque, si cada vez que cantamos esa canción que tanto nos gusta, cantamos una canción diferente, nada debemos al autor "original". Pero seguimos cantando, escribiendo, interpretando sin dar demasiada importancia a tan terrible antinomia conceptual.
Por eso, los fanáticos de las "versiones" (ponele covers) son gente más bien contradictoria. Les gusta ,por ejemplo, escuchar temas que conocen y disfrutan, pero cantados por otros diferentes a sus autores originales. La única condición que suelen establecer, es que la versión sea "buena" (o sea que les guste). Es que en el fondo lo que quieren (queremos) es escuchar buenos temas.
Por eso nos emocionamos con la Negra Sosa cantando "Cómo mata el viento norte", o "Cuando ya me empiece a quedar solo". Por eso defendemos a capa y espada a Fontova cuando hace una versión milonguera de "Resistiré" y un cha cha cha de "Los ejes de mi carreta". Por eso Drexler cantando "High and dry" hace quedar chiquitos a los Radiohead, una banda que suele sonar mejor versionada que en sus propios discos. Hay casos en los que sucede lo contrario, por supuesto. Fito Páez (salvo temas aislados) no ha hecho un disco interesante desde Circo Beat, pero es responsable de una de las mejores versiones de "Muchacha ojos de papel", así como de otra excelente de "Desarma y Sangra". El Indio Solari canta "El salmón" y lo mejora notablemente. Calamaro es parecido a Radiohead en ese aspecto, su "Media Verónica" está bien, pero no se compara con la joya que nos regala Pedro Aznar, que dicho sea de paso dedicó todo un disco a versiones de canciones brasileñas (mi favorita es "Quereres") y que se puede despachar con "El Seclanteño" o con "Fragile" (de Sting) en versión traducida y más que digna. Proyectos más ambiciosos renuncian al disco de covers para armarse una carrera de covers: es el caso de Richard Cheese and Lounge Against the Machine. Imagínense "Welcome to the jungle" cantada por un joven Frank Sinatra, o "Creep" por algún otro integrante del Rat pack, más o menos así suenan estos muchachos. Créanme que la lista de buenas versiones podría seguir todo el día --si no, pónganse a pensar solamente en los covers de los Beatles, o en Charly García, que es su propio mejor versionador--, pero paremos por acá.
Y no nos olvidemos de aclararle a más de un despistado que elegir interpretar temas de otros puede ser todo lo contrario de "ir a lo seguro", todo lo contrario a la falta de ideas o al envidioso egoísmo. En resumen, no es ni más ni menos meritorio que ponerse a " escribir las propias canciones" (probablemente sean la misma cosa, como ya mencionamos) y puede tener resultados igualmente dispares. Por ejemplo, Fito Páez puede ser su propio peor versionador, y se pueden llenar discos enteros de versiones en su gran mayoría anodinas o infames (ver el ¿tributo? a Calamaro). O podemos sufrir escuchando el triste experimento del verborrágico y experimentado Bob Dylan tratando de abordar la rabia lacónica y adolescente de "Creep". Por supuesto, esta lista podría extenderse tanto como la anterior... pero hoy tienen la suerte de agarrarme con ánimo más bien sintético. Y creéanme que es una suerte: mi versión disgresiva y extendida es más de lo que la mayoría de las personas son capaces de soportar.

domingo, 24 de diciembre de 2006

El Grinch sabe por viejo... (guerrilla malaonda antifestiva)

El día 25 de diciembre se conmemora, en gran parte del planeta, el nacimiento de un tipo que terminó ejecutado por andar en cosas raras. Todo esto hace más o menos dos mil años.
Pensándolo bien, Navidad es todos los días.

sábado, 18 de noviembre de 2006

La vaca no habla

A ver si me explico. El arte está relacionado con un "hacer"(si no me fallan las etimologías, de allí proviene justamente la palabra). Por eso me causa gracia cuando algún crítico habla del "discurso artístico". Disculpen la simpleza y la redundancia, pero acabamos de ponernos de acuerdo en que el arte es un "hacer", y por lo tanto no puede ser un "decir". Podemos hablar, acaso, de hecho artístico, pero de discurso, nada.
Fue Aira, si no me equivoco, el que declaró que, si lo apurabam, elegía a Rodolfo Walsh por sobre Borges. A mí, si me apuran, declaro sin pestañar que ni falta que hace. Me apuro solo, y para el lado de Walsh, por supuesto. Aunque no lo entendamos del todo, aunque la Historia fije y esconda al mismo tiempo todos los actos del autor, no dejamos de intuir que el tipo está "haciendo" algo cuando escribe Operación Masacre. No estoy proponiendo que una vida ejemplar, o en sintonía con nuestras convicciones, justifique una mala obra. De hecho no importa que coincidamos o no con sus ideas políticas, su militancia, su decisiones, su matirio... la intuición fundamental de que el autor hace algo en el libro, desde el libro y mediante el libro.
La obra de Borges, por otro lado, es esencialmente un "decir", y acaso su mayor virtud es ser la cínica ejemplificación de la paradoja de todo discurso. Su obra es profundamente consciente de sí misma (en tanto que discurso), pero sólo al precio (o precisamente con la intención de) no ser realmente asunción cabal de sí misma (en tanto que acto). Como discurso, y dentro de sus propios límites, todo es justificable, rebatible, defendible o discutible. Lo que carece de justificación, lo que no puede ser traducido, interpretado, refutado, plagiado o reinventado; lo que acarrea siempre su propio sentido (incomprensible, quizás, pero no por eso menos cierto) son los actos.
Es curioso que Borges no se haya equivocado nunca. Es curioso, también, que haya sido su propio peor alumno. Fue él el que no se cansó nunca de declara que el estilo no es más que la suma de los errores del artista. Como siempre, tenía razón. Salvo en lo que astutamente callaba. Y eso era que, a pesar de todo, a él lo que le interesaba era el estilo, y no otra cosa. Concebía la belleza como un accidente, y sin embargo no se privó nunca de las más ácidas y crueles críticas para con sus colegas. Una vez más, el discurso puede mostrarse coherente, dentro de sus propios límites, pero el "hacer" de Borges no es menos contradictorio que el de cualquier otro mortal.
No pretendo se capaz de describir, ni de concebir siquiera, un "criterio de demarcación" entre el "hacer" y el "decir". Personalmente, y de momento, cuento nada más y nada menos que con el recurso mágico a la intuición. Se me ocurre, sin embargo que el acto se diferencia del discurso en que, de alguna manera, refiere a algo más que a sí mismo (ponele Historia, Idea, Totalidad, Dios, Mundo, etc.) El acto está indefenso, está ahí, ocupa un lugar. Mientras que el discurso crea su propio espacio, carece de límites y de referencias externas, no es un lugar y no ocupa ningún lugar. (No olvidemos que Borges se encargó de refutar el tiempo basado en antiguas refutaciones del espacio). Pero cuidado, que ni siquiera entonces se equivocó el viejo, ya que en el último párrafo se encarga de demostrarnos que no es tan chambón como para cree en lo que acaba de escribir. Una vez más es intachable, irreprochable, intachable. Pero no es Borges. Son sólo las bonitas palabras de Borges brillando adamantinas, ubicuas y eternas; como todas esas cosas que tienen poco o nada que ver con nuestra opaca, puntual y efímera existencia.

Ahora estoy mucho menos seguro de haberme hecho entender que al empezar a escribir. Por las dudas aclaro que leer a Borges no es necesariamente una pérdida de tiempo ni mucho menos, salvo que sea lo único qu lean (aunque lo mismo se aplica a casi cualquier otro autor)

Ah, el título del post iba a ser una sentencia latina, que siempre queda lindo y hace que uno parezca culto. Dice más o menos así:

RES NON VERBA

claro que tampoco me divierte pasar por pretencioso latinista, así que titulé con la traducción al castellano. ..

domingo, 5 de noviembre de 2006

Blog de pobre

Quiero blogs de pobres. Quiero blogs escritos en los cibers, con teclados mal configurados, a las apuradas; blogs escritos con urgencia, sin estilo, sin tildes, sin esnobismo. Quiero saturar la red de blogs inconsistentes, inconscientes, amargos, risueños, estúpidos o canallas. De estudiantes que usurpen la banda ancha de la universidad, de oficinistas aburridos adictos al café y al porno de internet (ese que ocupa más espacio en el rígido que todos los documentos "importantes" juntos). De adolescentes tristes y lúcidos que prefieran gastarse las moneditas en gritar algo en mayúsculas antes que en agarrarse a tiros o patadas virtuales descerebrantes y en red.
Lola
, haceme un favor, terminá la carrera de derecho y dedicate a arruinarle la vida a la gente cara a cara, que probablemente va a ser más lucrativo que esto del blog (o incluso el libro ése en el que te editaron el blog). Y ya que estás, haceme otro favor, no te hagas la bilingüe, (aunque lo seas, la verdad no me importa) y reservá el inglés para las citas, de ser posibles de algún libro interesante, y no de estúpidos clichés sacados de películas o series de televisión. No sos Brascó, nena, así que no te vengas a hacer la simpática ni la barroca, porque no das la talla.
Como suele suceder, este post es una reacción, desmedida, si se quiere, a una de las notas "sociales" o "de tendencias" de la revista Veintitrés. Ojo, todo bien con los chicos de Veintitrés, pasa que las cosas que describen suelen ser bastante indignantes. En el número de esta semana, hay un reportaje a una tal Lola Copacabana, otra estúpida con banda ancha y mucho tiempo libre. Madre soltera, estudiante de Derecho, y mantenida por su papi, según la información de la nota. Y la verdad es que no me importa. Prefiero entrar a un blog de "geeks", para mantenerme al tanto de sus entrañables y bizantinas discusiones sobre la última distribución de Linux, antes que dedicar mi tiempo a leer algún pormenorizado (o esquemático, da igual) relato de las pajas de esta histérica nena de de papá, o su "relación" con su vibrador (sic). Creo que ya comenté que escribir un blog es casi la metáfora perfecta de la masturbación; pues bien, postear tus pajas ya es demasiado redundante, sobre todo si no hay nada que lo justifique (un buen texto sería un justificativo, por ejemplo; pero ni ahí).
Aclaro, por las dudas, que esto no es nada personal contra esa tal Lola, a quién no conozco ni me interesa conocer. Es una reacción contra los blogs de "gente bien". Esa gente para quien escribir su diarito en internet es un divertimento más. Esa gente que puede hablar de sexo sin vergüenza ni prejuicios, lo que en el fondo es siempre algo sospechoso. Esa gente que está interesado en hacer un blog "glamoroso", "inteligente", "chic" o lo que ustedes quieran. Para ella/os, el estilo es importante, así como el rosadito de fondo, las imágenes, etc. Sobre todo este tema, prometo publicar el prólogo a Los Lanzallamas, de Arlt. La idea es que detrás de todo eso no hay nada, o mejor dicho, asoma su blonda melena la vieja idea conservadora, estéril, elitista y lamentablemente inmortal: "nada cambia, las cosas son como son, hablemos de pelotudeces sin dejar de ser ingeniosos, que la vida está para disfrutarla, mal que les pese a los pobres imbéciles, incrédulos, pobres, deprimidos y deprimentes arengadores de las causas nobles". Lo cual, bien pensado, también es un planteo político, y de los peores, si vamos al caso.
Ya que estamos, y para que no se me acuse de meter a todos en la misma bolsa, voy a defender a otra "nena de papá", con blog y libro. La chica es Cielo Latini (no sé si es seudónimo o su nombre real); su blog ya no está disponible en la red y el libro que editó se llama Abzurdah. Aclaro que todavía no me lo compré, y no sé si lo voy a hacer. Pero leí extractos, y también notas que le hicieron a la autora. Confieso que me enamoré un cachito. Esta chica fue una anoréxica militante e inteligente que mantenía un blog muy popular sobre el tema, y que llegó a estar muy cerca de la muerte. En las fotos se la ve hermosa (aunque para mi gusto todavía le faltaría subir unos kilitos); pero sobre todo, es de respetar el hecho de que la mina escribe "sobre algo"; cuenta (a aquellos que necesiten enterarse) cómo es eso de planificar metódicamente la autodestrucción. Y, por supuesto, la chica sabe escribir. O sea, una nena de papá (cuyo libro Lola califica de "diario morboso") contra otra nena de papá, que ni siquiera tiene lugar para el auténtico morbo en ese cerebrito de "chewing gum" (queda más cool que decir "chicle", o "goma de mascar") que no para de postear "ingeniosidades" snob.

( "Cielo, ¿me das tu número?")

Lo único que me decepciona un poco es que haya caído en todo ese pozo con la excusa de un estúpido que no le daba bola. Supongo que las mujeres son así (ruego a las eventuales lectoras no se sientan ofendidas, y que me corrijan si les parecer que me equivoco). Son así, decía: capaces de dar caza a la Gran Ballena Blanca sólo si tienen alguien al otro lado del océano a quién llevarle el botín. Lo cual no está del todo mal, porque suelen tener más éxito que nosotros. O sea, si Ahab hubiera sido mujer, Moby Dick ya estaría adornando el cuello de las camisas de su marido, lo cual no la haría ni un poquito menos cornuda, pero ése es otro tema...

martes, 31 de octubre de 2006

Piloto automático

Hola, Gente! Estuve varios días sin postear porque no se me ocurría nada ingenioso, gracioso o relevante. En el interín, miré El Señor de la Guerra , que me pareció tan buena que se me ocurrió escribir una crítica. Claro que después me enteré de Gracias por Fumar, y me la bajé. Se me ocurrió que el planteo e incluso la estructura de ambas películas es completamente análogo. Y ahí nomás se me dio por hacer una crítica de las dos juntas. Mientras tanto, me puse a revisar las críticas que ya le había hecho otra gente, y me encontré con que hay de todo (para algunos eran de lo mejor, para otros repugnante bazofia, etc.). Y ahí nomás se me ocurrió agregarle una crítica a los críticos. Se puso tan "profunda" y sesuda la cosa que al final terminé con unos cuantos párrafos entre morosos y redundantes, que terminaban por contradecirse abiertamente entre sí.
Algunas de esas confusas ideas son las siguientes:

1) Las opiniones no existen; y si existen, no las podemos conocer, ni siquiera indirectamente. Lo que hacen los críticos es escribir, y si escriben mal tenemos derecho a criticarlos (de ahí lo de la crítica de críticos).

2) Todo acto es en realidad una representación. Nos molesta la pedantería de los críticos (que nos parecería graciosa o tierna en un personaje de novela o de obra de teatro, por ejemplo) porque intuimos que en realidad se equivocaron de papel, no es que sean tan malos actores.

3) Una tristeza similar nos provocan los protagonistas de las películas de las que hablamos. Curiosamente, ambos son tipos que creen haber encontrado el papel ideal. Nunca pierden, y saben que no hay nadie capaz de juzgarlos. Ésa es su maldición. Son víctimas, fracasados que naufragan en el éxito. O acaso son criminales que no quieren confesar ni confesarse cómo son las cosas en realidad. Un poco como todo el mundo. Un poco como los críticos, no?

4)Ambos protagonistas viven de ser la persona más depreciable del planeta. Todos los críticos saben cómo que se siente eso. Se los puede criticar (como a los críticos) por haber elegido mal su papel, un papel imposible, pero acaso sea otra forma del heroísmo.

5) Las dos películas son comedias de humor negro. Las dos películas son tragedias. Las dos hacen foco en personas muy especiales. Las dos hablan de todos nosotros.

6) Nadie nos pone una pistola en la cabeza para que encendamos un cigarrillo, pero nadie nos obliga a agarrarnos a tiros con la tribu vecina; ni a escribir o leer críticas, ya que vamos al caso...
Y sin embargo, nunca faltarán tabaco, balas ni blogs pedantes.

7) Cuando se les pregunta por qué hacen lo que hacen, ambos protagonistas responden con las mismas palabras: "porque soy bueno para esto", que en criollo viene siendo lo mismo que "porque no sé hacer otra cosa" o "porque es lo que me gusta".

Así que hoy puse el piloto automático, y decidí dedicarme a hacer lo que me gusta hacer, sin preocuparme mucho por si sale ingenioso o profundo o ridículo o gracioso. En cuanto a las pelis, sólo puedo aconsejarles que las miren y que saquen sus propias conclusiones. Las dos son geniales, ya se enterarán por qué.
Suerte, sean felices y ya que están, coméntense algo, recomienden alguna película, qué se yo...

lunes, 9 de octubre de 2006

Pansexualidad (o el desasosiego)

La revista Veintitrés del día 05/10/06 publicó un artículo dedicado a una palabra y concepto novedoso y aparentemente “polémico”. La nota discurre sobre los usos y posibles significaciones de la expresión pansexualidad. Al parecer la idea es que los pibes de estos días andan tan calientes que le dan a todo lo que se mueva. Sucede que pansexual les suena más correcto, más “libre”, más posmoderno que otro tipo de expresiones como, por ejemplo, bisexual. Tamaña transgresión no deja de irritar por igual a agrupaciones neonazis, travestis, tortas, maricones, psicoanalistas, obispos varios y señoras de su casa. Para beneplácito de las mentalidades más ecuménicas, podemos afirmar que, por una vez en la historia, todos los anteriores no sólo concuerdan sobre un mismo tema al mismo tiempo, sino que además tienen toda la razón. Será que me voy poniendo viejo, o que todavía no pierdo el optimismo, porque pienso plegarme a la protesta declarando sin pudor que los pibes son pibes, y como pibes que son presentan una tendencia irrefrenable a mear fuera del tarro. No soy quién para opinar si esto fue siempre así, o es una cuestión de época. Por otro lado, tampoco podemos ser tan duros en nuestros juicios, especialmente en un tiempo (y esto sí es histórico) hasta los más renombrados académicos se encargan de ampliar constantemente el charco, sin aportar la mínima información sobre la ubicación exacta del tan mentado recipiente.

Los pibes reivindican, claro, cierta “libertad”, pero no tienen idea de lo que significa. Si tan manoseado vocablo ha te tener algún sentido (aclaro que no estoy seguro de que lo tenga) debe ser sinónimo de responsabilidad. Así, ser libre y quererse libre sería básicamente ser responsable y quererse responsable. Ser libre sería bancarse las consecuencias de las propias decisiones. Según sus propias declaraciones, para los pibes “está todo bien”, da lo mismo, mantener relaciones con chicos o con chicas, con uno, dos, tres o los que quepan en el cuarto. Desde este esquema, da lo mismo Jorgito que Mariela, Nadia que Alberto. Cualquier cosa con tal de no hacerse cargo de la elección. Nunca llegamos a enterarnos si Jorgito ronca, o si Alberto vive obsesionado por un mal tan poco cool como la caspa, o que a Mariela le entusiasman hasta las lágrimas las nubes con forma de dragón de peluche.

Esta triste libertad venida a menos que tenemos que agradecer, una vez más, a los tristes mitos de plástico de la sociedad de consumo los autoriza a “buscar el placer donde lo puedan encontrar”, sin prejuicios, dogmatismos o ridículas restricciones. Quizá la metáfora más exacta sea esa tristeza ilimitado y eufórica que es el shopping. Todo está ahí, al alcance de la mano, no hay más que elegir, de acuerdo al estado de ánimo con que uno se haya levantado ese día, el bocado más apetecible, la seda más sensual. Y como en el shopping, nada se dice de aquellos para quien no existe esa posibilidad. De eso no se habla. De los pobres ignorantes que nacieron o se criaron, putos, heterosexuales, lesbianas, homofóbicos, pajeros, violadores, violados, sometidos o excluidos. Esa gente, claro, no pasa de las brillantes puertas del shopping libertario. Son pobres gentes que nacen, sufren y se mueren, sin acceso al Olimpo posmoderno. Peor aún, algunos carecen incluso de la más mínima sospecha de su existencia. Un solo problema aqueja a los más avispados de los arquitectos globales es precisamente que sin cronología no hay manera de resistir a la Historia. Con algo de suerte, la grieta que derrumbe las vidrieras va a venir por el lado de esas tetas irresistibles, de ese chongo que ya no cambiás por nada, o simpremente ese vértigo irrefutable ante ese par de ojos profundos que no son de ningún/a otro/a. Puestos a imaginar escenarios algo más drásticos, no es difícil ver las bombas vengativas desatando apocalíptico chaparrón de espejos rotos y cenizas de cajitas felices. Recién entonces, cuando ya nadi sepa de dónde vienen los tiros, los pibes-shopping de todas las edades se resignarán a abandonar modas y piercings, pastillas y estribillos fáciles. Se preocuparán, ahora sí, a pesar de las consecuencias, a aferrarse a esas tetas cálidas o esos ojos insondables de ese otro condenado a la intemperie, el frío y la esperanza de la responsabilidad. Que ya no será cualquier otro, que ya no dará lo mismo, y que no dejará de ser, pese a todo, igual que cada uno de nosotros.

Existe una altísima posibilidad de que sea yo el equivocado. Es probable que todo esto no sea más que puro y simple resentimiento del que mira las luces desde afuera. Si es así, si los pibes tienen razón, les pido perdón, porque les acaba de hacer perder valiosos minutos de intemporalidad, y todo es mucho más triste de lo que yo creía.

(Lo anterior fue escrito un sábado a la noche, encontrándose un servidor bastante solo y bastante borracho por cierto. Me excuso por el tono, la incoherencia y el uso excesivo de comillas, impuesto ante todo por mi torpeza, pero también por la falta de referencia del discurso actual. Lo mismo va para los que se puedan haber ofendido. Sepan disculpar)

Hasta la próxima.