jueves, 30 de noviembre de 2006
Moscas de fuego (con instrucciones)
También afuera --acaso en otra galaxia-- las luciérnagas juegan a defender hasta la muerte su intermitencia sutil y descarada. Ahí es cuando a uno le entra hambre de infancia; y es cuando uno se da cuenta de cuánto falta aun para llegar.
Es una nostalgia un poco tonta, es cierto; pero ya no se puede evitar querer ser (y de alguna manera ser) ese cazador de cinco años, sucio, cansado e inmortal --que nunca fuimos--. Respirar ese aire limpio de bajezas y pasado, atravesar fronteras que todavía elegimos desconocer; ser el oscuro y furtivo emperador entre las luces.
Ponerlas en un frasco de vidrio con agujeritos en la tapa y después, como si fuera la cosa más natural del mundo, apoyar el frasco en la mesita de luz y desafiarlas, o aceptar su desafío, de ver quién se apaga primero.
La piedra en el zapato
El infierno del cínico es ser demasiado débil para creer el engaño. O demasiado perezoso para salir a buscar patrañas nuevas que valgan la pena y el esfuerzo de la fe.
martes, 21 de noviembre de 2006
Verdugo de horizontes
Y ensguida nunca más, otra vez nunca más. Una cajita impenetrablirrompiblinvisibl intangiblinjustificablinciertainexplicable. Y sin embargo, vos adentro. Vos o lo que queda de vos, que es lo único que siempre hubo.
Si pudieras, o si tuvieras ganas, no tardarías en arrasar el universo.
Tenés un Big Bang al revés creciendo allá profundo. Y rápido. Y para siempre.
Tenés frío, hambre y sueño.
Tenés vergüenza, y piedad; propias, y también ajenas.
Tenés todo lo que se puede tener.
Y entre otras tantas cosas,
tenés razón.
lunes, 20 de noviembre de 2006
Presente Histórico
A veces, cuando Juan se levanta temprano cree descubrir que el mundo tiene olor a mañana. Muchas de esas veces se amonesta severamente por su banalidad y cursilería. Después, enciende un cigarrillo.
Hoy no.sábado, 18 de noviembre de 2006
La vaca no habla
Fue Aira, si no me equivoco, el que declaró que, si lo apurabam, elegía a Rodolfo Walsh por sobre Borges. A mí, si me apuran, declaro sin pestañar que ni falta que hace. Me apuro solo, y para el lado de Walsh, por supuesto. Aunque no lo entendamos del todo, aunque la Historia fije y esconda al mismo tiempo todos los actos del autor, no dejamos de intuir que el tipo está "haciendo" algo cuando escribe Operación Masacre. No estoy proponiendo que una vida ejemplar, o en sintonía con nuestras convicciones, justifique una mala obra. De hecho no importa que coincidamos o no con sus ideas políticas, su militancia, su decisiones, su matirio... la intuición fundamental de que el autor hace algo en el libro, desde el libro y mediante el libro.
La obra de Borges, por otro lado, es esencialmente un "decir", y acaso su mayor virtud es ser la cínica ejemplificación de la paradoja de todo discurso. Su obra es profundamente consciente de sí misma (en tanto que discurso), pero sólo al precio (o precisamente con la intención de) no ser realmente asunción cabal de sí misma (en tanto que acto). Como discurso, y dentro de sus propios límites, todo es justificable, rebatible, defendible o discutible. Lo que carece de justificación, lo que no puede ser traducido, interpretado, refutado, plagiado o reinventado; lo que acarrea siempre su propio sentido (incomprensible, quizás, pero no por eso menos cierto) son los actos.
Es curioso que Borges no se haya equivocado nunca. Es curioso, también, que haya sido su propio peor alumno. Fue él el que no se cansó nunca de declara que el estilo no es más que la suma de los errores del artista. Como siempre, tenía razón. Salvo en lo que astutamente callaba. Y eso era que, a pesar de todo, a él lo que le interesaba era el estilo, y no otra cosa. Concebía la belleza como un accidente, y sin embargo no se privó nunca de las más ácidas y crueles críticas para con sus colegas. Una vez más, el discurso puede mostrarse coherente, dentro de sus propios límites, pero el "hacer" de Borges no es menos contradictorio que el de cualquier otro mortal.
No pretendo se capaz de describir, ni de concebir siquiera, un "criterio de demarcación" entre el "hacer" y el "decir". Personalmente, y de momento, cuento nada más y nada menos que con el recurso mágico a la intuición. Se me ocurre, sin embargo que el acto se diferencia del discurso en que, de alguna manera, refiere a algo más que a sí mismo (ponele Historia, Idea, Totalidad, Dios, Mundo, etc.) El acto está indefenso, está ahí, ocupa un lugar. Mientras que el discurso crea su propio espacio, carece de límites y de referencias externas, no es un lugar y no ocupa ningún lugar. (No olvidemos que Borges se encargó de refutar el tiempo basado en antiguas refutaciones del espacio). Pero cuidado, que ni siquiera entonces se equivocó el viejo, ya que en el último párrafo se encarga de demostrarnos que no es tan chambón como para cree en lo que acaba de escribir. Una vez más es intachable, irreprochable, intachable. Pero no es Borges. Son sólo las bonitas palabras de Borges brillando adamantinas, ubicuas y eternas; como todas esas cosas que tienen poco o nada que ver con nuestra opaca, puntual y efímera existencia.
Ahora estoy mucho menos seguro de haberme hecho entender que al empezar a escribir. Por las dudas aclaro que leer a Borges no es necesariamente una pérdida de tiempo ni mucho menos, salvo que sea lo único qu lean (aunque lo mismo se aplica a casi cualquier otro autor)
Ah, el título del post iba a ser una sentencia latina, que siempre queda lindo y hace que uno parezca culto. Dice más o menos así:
RES NON VERBA
claro que tampoco me divierte pasar por pretencioso latinista, así que titulé con la traducción al castellano. ..
Amigos nuevos
Centinela implacable, de Marcelo Arbillaga (una especie de celebridad de Rio Cuarto, por lo que parece). Excelentes poesías, y unas imágenes hermosas. Visítenlo ya!
Moon in a Silver Bag , es de Memo. Memo es de México, D.F. Otro gran blog. (...y?, qué están esperando para visitarlo?
Ah, perdonen que no ponga estos links como se debe (al costadito de la página y todo eso). Pasa que no la tengo muy clara con el HTML. Prometo averiguar cómo se hace y poner una lista de blogs decente.
domingo, 5 de noviembre de 2006
Roberto Arlt y el estilo
Palabras del autor (1931)
ROBERTO ARLT
Del libro Los lanzallamas (Ed. Losada, Buenos Aires, 1977)
Con Los lanzallamas finaliza la novela de Los siete locos.
Estoy contento de haber tenido la voluntad de trabajar, en condiciones bastante desfavorables, para dar fin a una obra que exigía soledad y recogimiento. Escribí siempre en redacciones estrepitosas, acosado por la obligación de la columna cotidiana.
Digo esto para estimular a los principiantes en la vocación, a quienes siempre les interesa el procedimiento técnico del novelista. Cuando se tiene algo que decir, se escribe en cualquier parte. Sobre una bobina de papel o en un cuarto infernal. Dios o el Diablo están junto a uno dictándole inefables palabras.
Orgullosamente afirmo que escribir, para mí, constituye un lujo. No dispongo, como otros escritores, de rentas, tiempo o sedantes empleos nacionales. Ganarse la vida escribiendo es penoso y rudo. Máxime si cuando se trabaja se piensa que existe gente a quien la preocupación de buscarse distracciones les produce surmenage.
Pasando a otra cosa: se dice de mí que escribo mal. Es posible. De cualquier manera, no tendría dificultad en citar a numerosa gente que escribe bien y a quienes únicamente leen correctos miembros de su familia.
Para hacer estilo son necesarias comodidades, rentas, vida holgada. Pero por lo general, la gente que disfruta de tales beneficios se evita siempre la molestia de la literatura. O la encara como un excelente procedimiento para singularizarse en los salones de sociedad.
Me atrae ardientemente la belleza. ¡Cuántas veces he deseado trabajar una novela, que como las de Flaubert, se compusiera de panorámicos lienzos…! Mas hoy, entre los ruidos de un edificio social que se desmorona inevitablemente, no es posible pensar en bordados. El estilo requiere tiempo, y si yo escuchara los consejos de mis camaradas, me ocurriría lo que les sucede a algunos de ellos: escribiría un libro cada diez años, para tomarme después unas vacaciones de diez años por haber tardado diez años en escribir cien razonables páginas discretas.
Variando, otras personas se escandalizan de la brutalidad con que expreso ciertas situaciones perfectamente naturales a las relaciones entre ambos sexos. Después, estas mismas columnas de la sociedad me han hablado de James Joyce, poniendo los ojos en blanco. Ello provenía del deleite espiritual que les ocasionaba cierto personaje de Ulises, un señor que se desayuna más o menos aromáticamente aspirando con la nariz, en un inodoro, el hedor de los excrementos que ha defecado un minuto antes.
Pero James Joyce es inglés. James Joyce no ha sido traducido al castellano, y es de buen gusto llenarse la boca hablando de él. El día que James Joyce esté al alcance de todos los bolsillos, las columnas de la sociedad se inventarán un nuevo ídolo a quien no leerán sino media docena de iniciados.
En realidad, uno no sabe qué pensar de la gente. Si son idiotas en serio, o si se toman a pecho la burda comedia que representan en todas las horas de sus días y sus noches.
De cualquier manera, como primera providencia he resuelto no enviar ninguna obra mía a la sección de crítica literaria de los periódicos. ¿Con qué objeto? Para que un señor enfático entre el estorbo de dos llamadas telefónicas escriba para satisfacción de las personas honorables:
"El señor Roberto Arlt persiste aferrado a un realismo de pésimo gusto, etc., etc."
No, no y no.
Han pasado esos tiempos. El futuro es nuestro, por prepotencia de trabajo. Crearemos nuestra literatura, no conversando continuamente de literatura, sino escribiendo en orgullosa soledad libros que encierran la violencia de un "cross" a la mandíbula. Sí, un libro tras otro, y "que los eunucos bufen".
El porvenir es triunfalmente nuestro.
Nos lo hemos ganado con sudor de tinta y rechinar de dientes, frente a la "Underwood", que golpeamos con manos fatigadas, hora tras hora, hora tras hora. A veces se le caía a uno la cabeza de fatiga, pero…. Mientras escribo estas líneas pienso en mi próxima novela. Se titulará El Amor brujo y aparecerá en agosto del año 1932.
Y que el futuro diga.
Roberto Arlt