viernes, 29 de febrero de 2008

Pecado Original

Es ese inmundo frenesí. Ese milagro repugnante y asombroso del cual no sabemos bien a quién culpar.

Es eso que descubrimos siempre por primera vez, milenios después de tantos otros.

Es causa de más de una epidemia incurable, y hay quienes intentan evitarlo por pudor o por higiene.

Es una batalla perdida de antemano: un duelo desigual que no sabemos ni queremos evitar.

Nos promete la gloria; nos asegura la humillación.

Nos ennoblece y nos degrada.

Nos obliga a traicionar y traicionarnos.

No podemos evitar preocuparnos durante toda la vida por nuestro humilde desempeño, pasado o futuro.

Es la más seria trivialidad, la más honda superficie.

Es el guante de hierro sobre el puño de terciopelo.

Es un látigo, un escudo, un precipicio.

Es un ansia que no se cura con ninguna enfermedad. Se sabe que resiste a los años, y a la sabiduría.

Nos concentra, nos diluye, nos enfrenta, nos acerca, nos aísla, nos transforma, nos derrumba, nos construye.

Curiosamente (o no tanto) siempre es mejor en proyecto. Siempre es más minucioso desde el recuerdo.

Pero no nos engañemos: puede ser tedioso, monótono, egoísta o ajeno.

No siempre cura las heridas que provoca.

Y sin embargo es ese laberinto que esconde lo que somos. Es esa puerta infranqueable que nos niega lo que quisiéramos ser.

Nos hace solemnes, torpes, ridículos, pomposos, adultos u otras cosas peores...

Es un acto terrible de tiranía y sumisión radicales --y simultáneas--.

Exige una desnudez impúdica. Impone una indecente intimidad.

Nos arrastra fuera del tiempo, para ahogarnos sin remedio en lo más profundo de su cauce.

Nos pasamos la vida volviendo a empezar, intentando posiciones nuevas, apelando a recetas más o menos célebres, más o menos sospechosas; sin embargo sabemos que, a pesar de nuestros esfuerzos, en algún momento termina, y volverá a terminar.

Es todo eso y acaso muchas otras cosas, pero siempre deja atrás esa misma sensación de vacío. Aunque ese vacío multiplique burdeles y desborde bibliotecas; aunque ese vacío funde imperios o desate las más violentas conflagraciones.
Aunque sea justamente ese vacío lo que hace girar al mundo.

PD: A los que hayan llegado hasta acá, me veo en la obligación de agradecerles y confesarles que podría haberles ahorrado preciosos segundos de su vida si hubiera empezado con la frase : "Escribir es como el sexo".

Pero, sinceramente, tampoco quería privarme del placer de que acabáramos juntos.

Solipsismo (Mínimas II)


entre azulejos
busca amor sin traiciones
el onanista

miércoles, 20 de febrero de 2008

domingo, 17 de febrero de 2008

Wasteland

El campo de juegos de nuestra infancia --ese feroz paraíso de aromas explosivos y esquivos fulgores, ese pedazo de lo mejor de nuestro aliento-- es hoy poco más que un baldío memorable.

Y por más que duela en el centro de la frente,
por más que joda,
por más vueltas que le demos,

la culpa no es del tiempo

la culpa no es de otros.


Papá Noel no existe.

Pero hay tantas otras crueldades
que no supimos comprender a tiempo
que se hoy se abalanzan
con el siniestro peso
de las certezas
tristes.

¿Por qué será la daga más afilada
siempre la más inevitable
la más irresistible
la más inútil?

La culpa nunca espera
ni se hace esperar

ni respeta las reglas más sencillas
más elementales

¿Dónde habremos perdido los zapatos
y el agua fresca?
¿Por qué el buen Dios ya no siembra
pasto de Reyes?

¿Y dónde está el tramposo
que sopla todas las respuestas?

jueves, 14 de febrero de 2008

Si de niño...

Un río enamorado.
Dioses numerosos, indescifrables, pestilentes o estresados.
Un espectro enfermo de soledad.
Un dragón esclavo y un dragón contaminado.
Brujas, sapos, despedidas.
Un tren, pajaritos de papel, flores marchitas.

Si de niño me hubieran enseñado a soñar...


El viaje de Chihiro

lunes, 11 de febrero de 2008

Drogas Duras

Instrucciones para evitar resacas, adicciones y efectos secundarios.

No dejes que te convenzan de aspirar la luz de la mañana, de aspirar a la grandeza, a la bondad, a la aspirina. ( y ya que estamos, por favor no te permitas chistes malos ni juegos de palabras ni guiños ni maldades ni fallos ni reincidencias ni redundancias ni dislálicas, obvias influencias.)

No te abandones al confortable sopor de la mediocridad pero aprende a escapar también del áspero y mezquino camino a la excelencia.

No leas Dostoievsky, ni Salinger ni Whitman. Sobre todo nada de Whitman. No importa cuántas veces te lo ofrezcan, no se te ocurra escuchar a la Negra Sosa, y menos a un tal Fandermole.

Bach, ni en broma; Hendrix, ni una dosis. Mantente lejos de todo tango y no accedas a la milonga traicionera. No añores la dulce zamba ni consientas el impúdico blues de los desesperados.

No transes ni por vicios menores. Resígnate a abdicar definitivamente de tus certeras opiniones, dejar Shakespeare a los eruditos, las caricias a las madres y los abrazos a los amantes.

No te zambullas jubiloso en la profunda superficie de la siempre inexplicable primavera.

No te asustes, no te emociones, no te humilles, no te traiciones. No pruebes nunca el tibio licor de la derrota.
No te enganches en el escepticismo y mucho menos en la fe: dura poco y de todas maneras es casi imposible conseguir de la buena.

No quieras enamorarte. No te enamores.

Aléjate de todo vértigo y todo misterio. Pero sobre todo, hagas lo que hagas, nunca, pero nunca te permitas soñar lágrimas de mujer.