domingo, 28 de diciembre de 2008

Las disculpas del caso

Últimamente los posts se han puesto un tanto "profundos", parece. No sé muy bien a qué se debe, pero prometo intentar no ponerme tan pesado en el futuro.

Obviedad #7

Los días (eso que la gente suele llamar "la vida") manifiestan una oscura y nada inexplicable tendencia a vaciarse.

El protagonista de Casa Tomada dice algo así como que "uno se acostumbra a vivir sin pensar". No queda ni el horror, no sobreviven ni el fastidio ni el cansancio.

Creemos buscar la maravilla. Pero lo triste no es que la maravilla sea imposible, sino que es inevitable.

lunes, 22 de diciembre de 2008

Los asesinos son los demás


"mi pequeña almita baila de alegría"
no es un verso alegre: es un verso cínico, desgarrado.
"La tierra es nuestra", la responsabilidad, de los astros (como "las penas y las vaquitas*, pero al revés). Claro que resulta que la miseria del mundo es nada más (y nada menos) que nuestra miseria; y, porque lo sabemos, es que hoy no queremos saber nada de ella. Reclamamos un zodíaco lejano, un enigmático orden supralunar que dictamine sobre nuestras desdichas, porque al menos así, el misterio está "allá arriba" y acá abajo solamente mi pequeña almita, fingiendo ingenuidad ante historias de nubes y sol.

"con los ojos cerrados no vemos más que nuestra nariz". Consultar constelaciones es una forma entre otras de cerrar los ojos. Que el espacio ilumine nuestros cuerpos todo lo que quiera, que nosotros seguimos sin querer ver. Que nuestra cuna sean las estrellas y la noche, que el viento norte no hiera nuestros huesos.

Sólo el mendigo que somos es capaz de manipular joyas para espectáculo de los ciegos (que nos hemos hecho). Un día, el día en que nos engañamos lo suficiente como para disfrutar la desesperada alegría del niño que se esconde bajo la cama, ése día es "un buen día".

Siempre me asombró uqe toda esta canción habitara en el clima un tanto opresivo de la melancolía. Siempre me pregunté cómo podía ser que un tema que habla "de nubes y sol" dejara tras de sí ese sentimiento de indeterminada nostalgia, de pérdida irreparable, intangible. Nunca antes quise ver que los asesinos no son nunca "los demás", que Marte, Venus y la Luna somos ante todo nosotros.

Todo esto puede parecer una exégesis caprichosa; pero, ahora que lo pienso, poco importa que el mismísimo Charly esté de acuerdo o no con esta interpretación: el tipo escribió el tema, que ya es demasiado. Quizá el verdadero genio radique en poder mostrar lo que incluso el autor no quiere ver. Es posible que, como todo auténtico demiurgo, García no tenga ni idea de lo que hace. Es posible, y sobre todo es tranquilizador, "la locura es poder ver más allá".
Lo incomprensible, lo temible, lo inaceptable, sería un demiurgo cínico y demasiado consciente. Que alguien se refiera a sí mismo como a "una estrella de rock" puede ser signo de banalidad; pero también de esa sabiduría cruel a la que no quisiéramos acercarnos.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Sísifo, Bartleby y la escritura

En cierto sentido, el caso de Sísifo es similar al de Tántalo. Podríamos imaginar que ante la perspectiva de la eternidad, librarse del deseo sería un desafío más bien trivial. Sin embargo, el castigo de Tántalo no es la incómoda circunstancia de que la satisfacción permanezca cercana y al mismo tiempo inalcanzable. La condena que le ha sido impuesta es precisamente la imposibilidad de renunciar al deseo.

Del mismo modo, no hay látigo que obligue a Sísifo a llevar a cabo su tarea. O, en todo caso, el látigo es Sísifo, la cadena es ese trabajo que le pertenece únicamente a él, y al que él pertenece por completo.

Podría decirse que el placer y el dolor, la esperanza y la resignación, le son por completo indistintos. Al fin y al cabo, no forma parte de su tarea distinguir entre unos y otros. Es como si en ello residiera justamente su épica, banal, inapelable dignidad.

Enfrascado en una eternidad de otra índole, Bartleby repite “preferiría no hacerlo”. Y así trama un movimiento tan consistente, tan coherentemente idéntico a sí mismo, que termina – o comienza – por anular la repetición.

Sísifo desaparece en el ciclo eterno de su tarea. Bartleby se inventa en un porfiado desaparecer.

Los mitos prescinden del poeta, e incluso de la leyenda. Pero no hay escritor que no sea, a su manera, Sísifo y Bartleby.

Ambos mitos perduran como un gesto: el gesto del que están hechos (entre otras cosas) el arte y el olvido.

domingo, 14 de diciembre de 2008

(not)The best of times - Grandes éxitos

Hace un poco más de tres años, el tipo estaba deprimido y escribía cosas como esta:


"Como por ejemplo ahora, que escribo esto sin saber muy bien con qué objeto. En realidad sí que lo sé, estoy destruyendo el tiempo, como siempre lo hago. El viejo Cronos es sin duda un asesino despiadado, que se nutre de sus crías; pero agarráte los calzones cuando a un pendejito se le mete en la pretenciosa cabecita de mortal encarnar al Edipo más resentido, venenoso e ingeniosamente vengativo que se pueda imaginar. Terrón por terrón -o mejor todavía, aliento por aliento- el muy maldito va desgranando lo más campante los cimientos de su temporalidad. Y por supuesto, ahora tiene puesto el traje de Sísifo, y se sabe derrotado de antemano, y  que le importa, pero por alguna razón (o mejor dicho: por ninguna razón conocida) no puede o no se permite dedicarse a tareas más productivas, como por ejemplo escribir algo bonito o al menos algo ingenioso, aprender a bailar el tango, hacer un curso de cocina, acostarse con una una linda (o fea) muchacha, irse sanamente de putas o descubrir la vacuna definitiva contra la pelotudez crónica. Será que se está más cómodo o todo lo contrario siendo un poco más consciente del movimiento que provoca la náusea."

Ahora el tipo se deprime menos y escribe mucho peor. Será de distraído, o quizá de cobarde, o de puro cínico que se ha vuelto últimamente.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Eterna originalidad del plagio

*

hace milenios
se me ocurrió este haiku
que ya era otro

*



Publicado originalmente en haikus publicos (con nombre casi igual, como pa´despistar, vio?). No sé si "se vale" publicarlo ahora en mi propio blog. Así que si dejan de tener noticias mías, ya saben, me habré convertido en un mártir más de la implacable ira de Nuestro Señor Webmaster.

sábado, 22 de noviembre de 2008

Vagina Dentata

La sensación que alguien podría calificar como "sentimiento de lo divino" carece en su trivial, inapelable materialidad de toda relación con el juicio que afirma o niega la existencia de Dios.

Hay (o puede haber) un rincón desde el cual se huele, por instantes, el infinito.

Ese rincón no es siempre el mismo.

Y no siempre es un rincón.

martes, 18 de noviembre de 2008

Perdiendo el tiempo

Estuve perdiendo el tiempo con Photoshop y armé unos banners para el título del blog. Agradecería su opinión al respecto. Yo prefiero el que prescinde de mi jeta, pero como tampoco es cuestión de intentar esconderse tras el anonimato de la red, por ahí está bueno poner la cara desde el principio.
Uds dirán:

(A)

(B)


(C)

Aclaración

Cuando recomendé haikus públicos, todavía no me habían invitado a participar. Quisiera seguir recomendándolo, así que intentaré hacer lo posible por no arruinarlo demasiado.

Update (Pasen y vean)

Estuve buscando alguna plantilla nueva para cambiar la actual, pero la verdad es que esta me gusta. Así que le puse

Update (Pasen y vean)

Estuve buscando alguna plantilla nueva para cambiar la actual, pero la verdad es que esta me gusta. Por ahora me conformé con ponerle un banner con mi(s) mejor(es) cara(s) de trastornado. Además, agregué unos links en Otros distraídos..., son unos blogs que la verdad vale la pena visitar (sobre todo recomiendo haikus públicos).
Además, las obviedades ya tienen etiqueta propia.
Disfruten.
O sufran.
Como les guste.

lunes, 17 de noviembre de 2008

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Dipteriloquio

Nuestra raza adolece del prodigio y la incomodidad de la visión múltiple. Por ejemplo, mi compañero acá presente, está convencido de que el futuro nos espera en un ángulo (difícil de concebir para ustedes) inmediatamente superior a nosotros y en la dirección general que ustedes denominarían "derecha". Soy conciente de que no veo exactamente lo mismo que él, mucho más conciente de lo que se podrían imaginar, y de una forma que ustedes siquiera sospechan; pero así y todo, desde mi(s) punto(s) de vista las cosas no parecen tan sencillas. Es cierto que he escuchado testimonios sobre ese ángulo elusivo que mi amigo llama "futuro"; pero, como no podía ser de otra manera, esa multitud de cándidos reportes dejó en mi alma (múltiple y tornasolada) una impresión múltiple y tornasolada. Por lo que no es de extrañar (siquiera para ustedes) que mis dudas al respecto se fragmenten y refracten sutilmente hasta formar algo muy parecido a una certeza. Sin embargo, a pesar de mi agudísima (y abarcadora) visión, se me hace imposible ubicar de manera precisa esa certeza.

Mis experiencias parecen indicar que alguno de mis inconstantes destinos, más tarde o más temprano, habría de ponerme en camino hacia alguna (o ambas) de estas muertes. En mis días supe abismarme con convicción en la pestilente e inerte certidumbre; también (y al mismo tiempo) me destrocé alegremente los ojos contra ese resplandor de maravilla, esa pared invisible que me aprisiona desde adentro. Ya no soy joven (mi experiencia se cuenta en horas enteras), y sin embargo me reconforta saber que todavía soy ajeno a esa trama frenética con la que mis hermanos mayores enturbian la santa morada del espacio.

Pero intentaré explicarme mejor, intentaré contarles lo que imagino que ustedes ven.

Ustedes ven una nube de moscas, ven el montón de basura, y ven (esto sólo puedo conjeturarlo) algo que ustedes llaman "cristal". Ustedes oyen un zumbido repugnante que parece venir de todos lados (en el que no pueden, o no quieren, llegar a oír este mi discurso). Ustedes ignoran que, entre otras cosas, somos los arquitectos de su cárcel, como ustedes lo son de la nuestra.

miércoles, 29 de octubre de 2008

Acción de Gracia

Siempre me pareció linda la idea de ese dios relojero que nos va poniendo en hora el mundo... Pero más linda y más cierta es la de múltiples --aunque preciosamente escasos-- demiurgos secretos, concretos y temporales. Unos cuantos pocos que pacientemente se ocupan de templar la espiral de nuestra existencia, que sin apuro y sin demora van poniendo a punto el complejo mecanismo de incertidumbres que sostiene nuestro aliento.
Son deidades no exentas de imperfecciones, algunas de las cuales se llaman coraje, y otras ironía. Se los suele presentar con algún apodo equívoco, que oculta su cabal identidad bajo la más familiar de las cercanías.
Con la elegancia de los astros, someten sus días y sus años al diente implacable de los engranajes. Con la sabiduría del viento entre las piedras, habitan y expanden los luminosos vacíos del mecanismo. Con su feliz sacrificio cotidiano desmienten mártires y banderas. Enseñan la indispensable rebeldía, la oculta firmeza de la dicha. Limpian el aire que nos envuelve y reciclan penas en versos futuros que algún día creeremos inventar. Esquivan la notoriedad y toda otra forma de bajeza; pero no para ganarse el cielo, sino para regalarnos el horizonte presente, la infinita posibilidad de la risa y el afecto.
Cuando intentamos hablar de ellos, las palabras toman la forma de la fábula, acaso por pudor, o quizá por sincero afán de exactitud. Las palabras, que también son sabias, se resisten a entregarlos por completo, y así los pintan como son, como se muestran y como se esconden.
Siempre es difícil escribir sobre cualquiera de estos técnicos secretos de la alegría, aun cuando nos haya sido dada la dicha de conocer a alguno. Por eso se me hace casi imposible escribir sobre mi padre, que tengo tan lejos y tan cerca como todo futuro amanecer, que insiste en protegerme desde lo más íntimo de la distancia. Por eso me veo obligado a pedir disculpas a quienes lean esta líneas sin conocerlo; pero también (y sobre todo) a quienes, conociéndolo, sientan (con razón) que mis torpes esfuerzos no llegan a hacerle justicia.

lunes, 27 de octubre de 2008

El personaje-psicópata y el director-psicópata (Tragedia, Épica y Nostalgia)

El psicópata liso y llano, por ponerlo de alguna manera, no es un buen personaje. El psicópata "puro" como personaje una especie de máquina aislada cuya función sería introducir el sufrimiento y el caos entre los personajes. Pero eso es lo que toda la vida se llamó "autor"; y en el autor, la eficiencia viene siendo lo menos interesante (cfr. más adelante). Pero la eficiencia es lo que define al psicópata como personaje (o cuasi-personaje). Para hacer de él un auténtico personaje (es decir, interesante, dramáticamente valioso) hay que agregarle "algo más" --que equivale aquí, a "quitarle algo" de lo que lo define como psicópata--. Hay que hacer de él otra cosa además de un psicópata "a secas". Dexter es un buen ejemplo de esto. A medida que avanza la historia, resulta que el protagonista es más parecido a los espectadores de lo que en un principio estábamos dispuestos a admitir. De hecho, toda la narrativa se basa en construir esa identificación con el protagonista por parte de la audiencia (cosa que, evidentemente, sería imposible si se tratara de un "auténtico psicópata"). Otro recurso sería conservarlo en su total incomunicabilidad, en la irreductible opacidad de sus acciones, pero presentarlas desde un punto de vista "externo", "estético", mostrarnos su "obra" como objeto prodigioso y hasta admirable (es el caso del Hannibal Lecter de El silencio de los Inocentes, y probablemente del protagonista de El Perfume). A Hannibal se le elogia la originalidad, la precisión, la creatividad -- todo sobre un fondo de infalibilidad divinamente maquínica que es parte de su misma definición como (cuasi)-personaje psicópata--. Y aquí es donde entran en escena directores como Michael Haneke (y por ejemplo, "nuestra" Lucrecia Martel). En Funny Games, Haneke hace un uso narrativo del personaje del psicópata que es justamente el de instaurarlo como instrumento, como artefacto de tortura, pero esta vez apuntado al público. En rigor, no se trata solamente de ese personaje específicamente, sino de toda una disposición dramático-narrativa que, de hecho, puede construirse prescindiendo del psicópata-personaje. Es lo que los estadounidenses --siempre tan primitivos o tan pacatos-- intentan hacer con películas como Saw, o Hostel (o inclusive Hannibal, cuyo planteo es completamente diferente del de El silencio de los Inocentes). Es lo que Haneke lleva a cabo, pero "como se debe"; es decir, de la manera más efectiva y eficiente posible, gambeteando estúpidos excesos sanguinarios y desplegando su refinadísimo tacto de torturador ilustrado. Domina recursos narrativos equiparables a los de los grandes directores; y en ello, no podemos dejar de admirarlo.
Mi objeción es que no va más allá de ese dominio. Nos impone perfectos mecanismos de relojería (auténticas naranjas mecánicas) destinados a llevar a cabo impecablemente su tarea. Como todo un psicópata exquisito, elige infaliblemente los medios más ajustados a sus fines. En ello, repetimos, no podemos menos que aplaudirlo. Pero resulta que queremos que el artista sea "algo más" que un irreprochable arquitecto de artefactos eficientes. Y así, tenemos que el maestro del engaño acaba por revelar sus cartas inevitablemente (y desde el principio) sus cartas. Porque cuando vemos la máquina, y vemos el fin --y esto es lo que le veníamos aplaudiendo-- sentimos la tendencia a no seguirle más el juego. Y es que ya no es un juego, el autor ya está asimilado a la máquina, o al psicópata (a lo absolutamente otro como límite de la perfecta incomunicación e incomunicabilidad).
Esta especie de exceso relativo de técnica termina por vaciar la obra; o, desde otro punto de vista, revela por fin el vacío que estaba ahí desde siempre. Se podría argumentar que ésa y no otra es la intención del director, pero esto nos llevaría de vuelta a la objeción anterior: solamente quedaría congratularlo por una tarea eficientemente realizada. Otra vez en el vacío, ese vacío que, al menos en mi opinión, no es lo (único) que el arte (como tal) puede y debe revelar.
Al respecto, me gustaría referirme a lo que podríamos llamar cierta inversión de los términos del acontecimiento dramático. Ya no contemplamos (como en las tragedias griegas) el sufrimiento de los personajes para compadecernos de ellos, y purgarnos así de esa indigna pulsión. Sucede ahora todo lo contrario: cuando vemos una película de Haneke asistimos a nuestra propia tortura. En otro sentido (o en el mismo) ya no nos ponemos en el punto de vista del sádico, sino del masoquista; hoy somos nosotros los que anhelamos compasión (actitud ésta infinitamente más repugnante que el deseo de "prodigarse").
Todo lo anterior puede que sea extremadamente interesante para una mirada "técnica", "conceptual", "meta-narrativa" o cualquier otra degeneración por el estilo; pero, si hemos de intentar ser valientes (es decir, sinceros), debemos reconocer que todo esto importa un innegable y enfermizo mal gusto.
Y cuidado que no estoy diciendo: "no miren Caché(Escondido) o Funny Games" (las dos películas de Haneke que recuerdo haber visto, y donde se ve claramente, al menos para mí, este procedimiento del que hablo). Y no lo digo, en primer lugar, porque no es mi interés legislar sobre los hábitos cinematográficos de nadie; y en un segundo y más importante lugar, porque, mal que nos pese, este cine es nuestro cine (parte de nuestro destino). Si no podemos evitar mirar estas películas, imponernos estas películas, es porque nos sabemos --también-- del lado de los victimarios. Somos cultores entusiastas de los limpios y eficientes instrumentos de tortura. Nos sentimos ineludiblemente obligados (y tentados) a rendirnos voluntariamente a ellos al menos durante un par de (interminables) horas. Y todo el proceso está manchado de la nostalgia de que nos es negado incluso el fugaz placer de ser víctimas de un auténtico sádico (aquí: auténtico=humano). Nos entregamos ritualmente y sin mayores ceremonias a una máquina perfecta cuya única función es hacernos sentir como lo que ya sabemos que somos: víctimas automáticas de un sadismo automático. ¿Llegaremos a entender algún día la infinita perversidad de tan refinado procedimiento?
Por úntimo, me parece que en los directores de los que Haneke cosechó su infalible arsenal técnico sí existe ese "algo más" que los hace genuinamente interesantes. Tomemos a Tarkovski, por ejemplo (la excusa está en Funny Games, donde se hace referencia a Solaris). Yo no estoy seguro de que Tarkovski supiera siempre exactamente qué estaba haciendo en sus películas; en esa sincera incertidumbre --o incierta sinceridad-- se esconde, en mi opinión, el auténtico genio artístico. Si hay un valor propio del arte, está en esa duda, en esa inadecuación, en ese caos desbordante. En resumen, si ese valor existe, se llama coraje, y es otra de esas prodigiosas desmesuras de las que a nuestra época no parece quedarle más que la nostalgia.

viernes, 17 de octubre de 2008

Ontologicum

La filosofía en tres palabras: "cosas que pasan..."

***
O, si les gusta más, en haiku:

filosofía
ponele, en tres palabras:
"cosas que pasan..."

***

viernes, 10 de octubre de 2008

Una confusión cotidiana

Suele suceder que dos personas discuten sobre cierto tema, pero no llegan a ponerse de acuerdo. También sucede, muchas veces, que en realidad parece que se trata todo de un equívoco, y que los interlocutores, a pesar de ser de la misma opinión, no "saben que ya están de acuerdo" debido a que se expresan de manera diferente.
Podría plantearse que ambos estaban de acuerdo "en el fondo" (aunque "en la superficie" parecieran no estarlo). Y si planteáramos ese "en el fondo", a la manera de Chomsky, como un lenguaje "profundo" compartido por ambos, nos encontraríamos en un verdadero problema.
Efectivamente, se necesitaría un tercero capaz de "ver" ( de "comprender") esa forma profunda compartida en la discusión de los primeros dos. El problema es que ahora necesitaríamos una cuarta persona capaz de dar cuenta, a su vez, de "lo profundo" compartido entre este tercero y los del diálogo original, y así al infinito.
O, de otra forma, ¿cómo haría este tercero para explicarles a los otro dos el hecho de que su disputa es sólo aparente? Si utilizara directamente este lenguaje común ("profundo", "primario", etc.) --y aún no sabemos cómo podría hacerlo-- resultaría que ninguno de los dos lo comprendería (ya habíamos dicho que allí se encontraba, precisamente, el malentendido) Podría optar por dirigirse alternativamente a cada uno de ellos en la forma "secundaria" ("deformada", "derivada") propia de cada uno. Pero, entonces, cada uno escucharía solamente una repetición puntual de sus propios argumentos, y por ese lado tampoco avanzaríamos. Y eso por no hablar de los superpoderes lingüísticos de la mentada tercera persona, capaz de comprender ambas formas "secundarias", traducirlas al "lenguaje profundo", saber a ciencia cierta que éste es tal (es decir, el único lenguaje profundo posible). Su propio discurso estaría, potencialmente, "libre de deformaciones", pero aun así, compartiría al mismo tiempo las "formas degeneradas" o "secundarias" utilizadas por cada uno de los otros.
Sería un bicho raro este tipo ¿acaso un dios? Lamentablemente, como todo dios, estaría infinitamente solo, infinitamente más solo que los dos polemistas originales.
Sin embargo, también ocurre que a menudo estos tipos siguen discutiendo y, en ese momento o en otro, de alguna manera logran ponerse de acuerdo (de ahí la impresión con la que comenzábamos) sin ninguna ayuda sobrenatural. ¿Qué pasó aquí? ¿Uno de los modos de expresarse "se impuso" al otro? ¿O ambos se modificaron mutuamente dando lugar a un nuevo modo de expresarse, digamos, sintético; compartido, sí, pero no ya de manera trascendente, o a priori, sino de manera, por decir así, concreta, construida, práctica? En el primer caso podemos suponer que la forma de expresión que se impuso era inherentemente superior; al fin y al cabo, que ese interlocutor "tenía razón" y el otro no. Pero no se entiende cómo podría darse esto si no hubiera tenido lugar la segunda opción (la síntesis), ya que de otra manera permanecerían ambos en el mismo plano, y no dejarían nunca de oponerse como iguales.
Y no estoy seguro si esto es idealismo o expresión de deseo, o alguna otra cosa. Pero parece ocurrir así, o al menos parece que se lo puede comprender de esta manera. Acaso se lo pueda comprender también de muchas otras, y sería interesante tratar de ponernos de acuerdo sobre ellas.



Anexo 1 (todo muy lindo, pero...)

...seamos justos: este divino tercero podría argumentar que él posee la "regla" para reducir cada uno de los lenguajes derivados de un lenguaje común (al menos hasta ahí me dio la cabeza para entender a Chomsky). Pero el problema sigue siendo cómo hacer entender esta "regla" a los dos polemistas. Porque si esta regla debe ser aceptada, parecería que también debería ser "contrastable" con algo. Pero ese "algo", ¿no es justamente aquello cuya existencia está tratando de PROBAR "el tercero"?
Ahora me doy cuenta de que evidentemente la solución de la "acomodación mutua" o "síntesis" también es un poco "mágica", porque también dependería de algún tipo de "regla de la síntesis"( o "forma...) que presentaría problemas análogos a los del "lenguaje profundo" de Chomsky. O bien sería ella misma indeterminada y un poco como el producto de cierta (inexplicable) acción divina.
Lo más seguro es que me faltan categorías y estoy planteando el problema de la peor manera. Entre otras cosas, no sé cómo definir "ponerse de acuerdo", "comprender al otro","hacerse entender", "comprenderse mutuamente", etc.
A estas alturas ya no estoy convencido de si lo más sano es seguir investigando o dejarme de molestar con un problema que evidentemente me supera, y que después de todo por ahí ni siquiera sea un auténtico problema.
Como diría Felipe, "¿Justo a mí me tenía que tocar ser como yo?"

Nueva etiqueta

El post anterior tiene la etiqueta Apuntes. Antes no publicaba estas cosas en el blog, pero llegué a la conclusión de que acá tengo menos despelote que en mis cuadernos. A falta de mejor archivo, y de toda vergüenza, decidí poner algunas de esas cosas acá.
Como siempre, se agradecen los comentarios. Lo único que les pido es que no me salgan con eso de : "esto ya lo dijo/pensó/escribió Fulano o Mengano". Créanme: es el comentario menos original de todos.

Lo dicho (Backstage)

(...viene de alguna otra cosa, que ahora no puedo encontrar)

OBJECIÓN. Posible petición de principio. Si decimos que todo lo que llamamos comunicación no es otra cosa que "apariencia de comunicación" o "representación de comunicación" estamos introduciendo lo definido en la definición.

POSIBLE RESPUESTA. Decir "la comunicación es apariencia de comunicación", es un acto comunicativo como cualquier otro; y como tal, apariencia. Equivale a decir que el discurso (o la comunicación que se "realiza" a través del discurso) carece de "interioridad" o "fundamento". Puede ser que esto no explique nada, o que sólo estemos exponiendo una obviedad, pero es importante porque da cuenta de esta propiedad de lo que llamamos comunicación: y es que ésta es capaz (o somos capaces en o por ella) de advertir justamente esa falta de "fundamento último". Así, comunicar sería mostrar la comunicación y, bien mirado, sería siempre mostrarla en su totalidad. Esto es, en su realidad de búsqueda (infundada) de un fundamento último, eternamente elusivo.
Es verdad, hay aquí una petición de principio, como en todos nuestros actos: era eso lo que intentábamos mostrar. Y ello, se entiende, en la medida en que puede ser mostrado, siempre insuficiente y contradictoria. Pero la opción contraria es no menos circular: intentaríamos entonces mostrar que nada puede ser mostrado. Y en ese caso, obviamente, estaríamos realizando exactamente el mismo movimiento, la misma petición de principio. Lo que se podría oponer, a su vez, a estas dos posiciones (en tanto que son la misma) no es siquiera concebible.
Y que no se diga tampoco que todo puede ser mostrado (en su totalidad), porque eso ya no sería "mostrar", ya no habría develamiento, movimiento, comunicación alguna (ni sujeto, ni signo, ni mensaje, etc.)

viernes, 26 de septiembre de 2008

Salomón

En una actitud de infinita humildad o infinito cinismo, el tipo aconseja únicamente aquellas opciones que su interlocutor ya ha concebido y por las que ya se ha decidido. Mediante este sencillo procedimiento cree librarse del pecado de la originalidad y del disgusto de las malas interpretaciones. Por otro lado, el tipo reconoce que debe esta peculiar costumbre al valioso consejo de cierto conocido; lo que le hace considerar si no habrá sido un error adoptarla, o si acaso no se le habría ocurrido antes a él mismo.

jueves, 11 de septiembre de 2008

El Umbral

Amanece y el tipo no abre los ojos, piensa que le vendría bien dormir un poco más. Esta noche, piensa. Está decidido, cuando vuelva a la cama, esta noche, va a descansar como se merece (o como espera merecerse, esta noche, al final del día).

Café, y un cigarrillo. En eso piensa, mientras se pone las medias. En eso piensa. Y también en que, si fuera posible definir tales cosas, el café y el tabaco se definirían exactamente así, lo que persiste, lo que es más tangible en ausencia. O sea, lo único que importa al fin y al cabo. O sea, aquello en lo que pensamos mientras nos ponemos las medias.

Si no hubiera que levantarse, afeitarse, convencerse una vez más de ira una vez más a trabajar. Si no hubiera esa responsabilidad ineludible de navegar abismos hechos de puras superficies. Si no hubiera que seguir viviendo, el ripo se dedicaría simplemente a vivir. En eso piensa. O eso es lo que le gustaría pensar.

Pero esa no era la historia. La historia venía contando que el tipo, que ya estaba despierto, se levanta, se viste (empezando por las medias), desayuna, se olvida de afeitarse, invierte largos minutos en encontrar las llaves, y después sale. Es decir, de alguna manera entra a eso que sus improbables congéneres llaman mundo.

La historia no dice mucho, es cierto. Pero ¿cómo referir este ritual, o cualquier ritual? ¿Dónde buscar los detalles reveladores, los misterios más transparentes? Lo que tenemos, lo que tiene el tipo, es este día. Un día cualquiera. Este primer día de una eternidad cualquiera.

sábado, 30 de agosto de 2008

La forma de la lupa

Hay una forma de buscar indicios en el propio pasado que --acaso por una cuestión de perspectiva, o de metodología-- nos hace revivir el triste destino de Edipo. Mientras más rigurosa es la investigación, se hace más evidente que todas las pruebas apuntan a un único culpable que, por supuesto, es uno mismo.

***
(Hace años leí La Pesquisa, de Saer. Lo entendí recién hace un par de minutos. Este post es testimonio de mi estupidez, mi lentitud, mi perseverancia o mi distracción).

Dos veces breve (Nueva Sección!)

Hoy, inaugurando nuestro espacio "Respuestas a preguntas que nadie nos hizo" nos ocuparemos de la siguiente:

"¿Por qué los últimos posts de este blog son casi todos de la categoría Cortos?"

¡Muy buena pregunta! Intentaremos responder con nuestra acostumbrada elocuencia:

--En realidad es a causa de una norma de estilo, que reza más o menos así: "Si vas a escribir pelotudeces, al menos escribí pelotudeces cortas". La virtud de esta estrategia está en hacer creer que uno sabe más de lo que dice (un boludo parco no se distingue demasiado de un oráculo sapientísimo y críptico).
Y si aun eso falla,al menos nos queda la tranquilidad de conciencia de no haber importunado demasiado a nuestros lectores.

A quienes sientan el imperioso deseo de remitirnos alguna inquietud, los alentamos a que lo resistan con entereza.
Pónganse a pensar... un tipo que escribe un blog completamente solo y sin embargo insiste referirse a sí mismo en plural no parece alguien capaz de respuestas convincentes (o, para el caso, siquiera coherentes).

martes, 19 de agosto de 2008

El humo y los bosques

A veces, al llegar al final de un libro, parece que ya no hubiera necesidad de leer ningún otro; el cosmos entero está ahí, al mismo tiempo afuera y adentro del que lee, en ese prodigio tóxico de tinta y celulosa. Y ese milagro, esa maldición, está también hecho de olvido. Nuestra desesperación, nuestra apatía, chocará en nuevas lecturas con la misma opaca evidencia meridiana que hoy nos sale al paso.

Me pasó, entre los que creo recordar, con Bartleby, con Moby Dick, con El señor de las moscas, con El corazón de las tinieblas, con Hojas de hierba, con El Amante (hace semanas) y con El entenado, de Saer, hace unas pocas horas.

A veces, al llegar al final de un libro, la vida ya está vivida. Los pecados han sido todos cometidos; las maravillas nítidamente enumeradas; los límites, trazados y vueltos a desdibujar.

Comenzamos, otra vez por vez primera, nuestra precaria infancia milenaria.

lunes, 18 de agosto de 2008

Materialidad geográfica (Obviedad #3)

A veces nos olvidamos que

las cosas también tienen patrias

las patrias también tienen cosas.


(ya sé lo que están pensando; pero no, no es tan estúpido ni tan sencillo como suena)

lunes, 7 de julio de 2008

Insomnio

¿Cómo sería despertar siendo otro?
Bioy Casares decía que el recuerdo que deja la lectura de un libro es más importante que el libro mismo. La primera vez que leí La Metamorfosis no se me ocurrió ninguna complicada teoría sobre su significado. No encontré (y ni siquiera se me ocurrió buscar) recónditos simbolismos o reveladoras alegorías.
Y sin embargo, de algún lugar tenía que venir ese vértigo y esa pregunta que creía nunca antes haberme planteado... Es una sensación rara, que me persigue de a ratos. Especialmente esas noches en que siento un escozor intermitente justo en ese lugar del caparazón que no alcanzo a rascarme.

jueves, 19 de junio de 2008

Estado de Cosas (Once upon a time...)

A los posibles lectores ruego hagan de cuenta que el presente post constituye un relato interesantísimo; para facilitar la tarea, conviene imaginar un narrador que no soy yo, sino quizá algún sabio milenario quien, a pesar de su insoportable estilo, merece respetuosa atención.

Concedido ese inestimable favor, confío --o deseo-- que al llegar al final del mismo, descubran que nos pertenece a todos; y que ya va siendo hora de que, al menos, lo empecemos a escribir nosotros mismos.

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"Un emperador, que no es emperador, gobierna y no gobierna a sus múltiples o inexistentes súbditos.

Un emperador, que no es emperador, saquea para prodigarse a un pueblo sumiso que no obedece, que se moviliza hacia (y desde) la más calma y más vertiginosa inmovilidad.

Mientras tanto, o hace mucho tiempo, ese emperador, que no es emperador, suplica e impone a más vulgar y la más profunda de las pleitesías.

Con o sin ayuda del destino, un alegre infeliz realiza sin notarlo una simbólica o insignificante reverencia. Antes y después, tiene y no tiene tiempo de comprender que es ése el primero y el último de sus actos (que es, como todos, accidente).

El olvido, que es memoria; preservará, desdibujándolos, su gesto y su condena.

Comprenderán ustedes pues, sin saberlo, que los mudos alaridos de los dioses son encantadora y cruelmente contradictorios.

Y de eso, mis queridos enemigos, es de lo que están hechas las fábulas y las crónicas policiales."


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"Al militante muerto lo habían llevado por $100 al acto K

El militante K que murió había recibido $100 para ir a la Plaza de Mayo a participar del acto en apoyo a Cristina. Un amigo del barrio lo convenció con la promesa del dinero, dos sándwiches y una gaseosa."

Fuente: Informe Digital, 18 de junio, 2008.


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Estoy al tanto de que el presente no es un gran post, creo que incluso yo me las podría haber ingeniado para escirbir algo mejor. Al contrario de lo que suele pensarse, la rabia y la tristeza no son nunca buenas musas; pero hay también esta sensación de que no podemos quedarnos callados, de que hay que seguir pensando y haciendo lo que se puede, al menos para que no se ocupen otros de pensar o hacer por nosotros.

En resumen: perdón por este feo post, perdón por la rabia y la desazón y el estupor y el pesimismo.

En resumen: sepan que no (me, les, nos) perdono este horrible post, ni esta rabia, ni esta desazón ni este pesimismo...



viernes, 23 de mayo de 2008

Confinamiento (This mortal coil)

los que se quejan
construyen prisiones/ que
los sobreviven

los que pelean
forjan los grilletes/ que
los emancipan

los que están tristes
y se dejan estar
por la tristeza

los que se salvan
buscando una condena
que nunca llega

los que no ven
y destrozan sus frentes
contra el vacío

los que llamaron
a un número cualquiera
que era el correcto

los que se esfuerzan
en la inútil empresa
de la desidia

los que se encuentran
en epitafios de otros
y no se lloran

los que desprecian
con ese cruel furor
sin sentimiento

los que se alegran
de ver este desierto
tan atestado

los que se aburren
y aburren con tres versos
a todo el mundo

Tus caricias (Heresay)

Los fantasmas
dicen
que los fantasmas/ no existen
dicen
que

Tus caricias

Los fantasmas
dicen
que los fantasmas
no existen/ dicen
que a veces digo
y casi nunca me creo
que los fantasmas/ más temibles
son los que
dicen
que/ digo
nunca existieron.

viernes, 16 de mayo de 2008

El emperador oculto

En algún lugar, hordas de semibestias se masacran, incansables, entre sudores y odios difusos.

En algún lugar, alguien cree comandar ejércitos.

En algún lugar, alguien recibe unos pesos por comenzar un rumor o una revolución.

En algún lugar, alguien busca en qué invertir sus ahorros.

En algún lugar, alguien se entera de que las matanzas son un buen negocio.

En algún lugar, alguien lleva a cabo los penosos cálculos, publica los reveladores resultados, cobra la beca y comienza una auspiciosa carrera académica.

En algún lugar, alguien decide hacer todo lo posible por incentivar a las jóvenes promesas de las ciencias.

En algún lugar, alguien conjetura que existe un orden que rige el universo.

En algún lugar, alguien escribe el soneto perfecto.

En algún lugar, alguien despierta a la desesperación de saber que,

en algún lugar, hordas de semibestias se masacran, incansables, entre sudores y odios difusos.

lunes, 5 de mayo de 2008

De las divinidades y sus abyectas maldiciones

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Grito de algún tumbero:

La Mediocridad no mata; pero toma prisioneros.

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PD: ojalá este fuera el peor post que leyeron en su vida; pero ustedes y yo sabemos que no es ni siquiera eso.

lunes, 31 de marzo de 2008

La Cátedra de Babel

El tipo y un compañero de curso están decididos a presenciar su primera clase teórica de Epistemología (materia de extendida y ríspida fama, si las hay). La obstinación, la timidez o acaso el ciego motor del caos los llevan de pasillo en pasillo; de aulas desiertas a hostiles aglomeraciones; del entusiasmo a la resignación.

El tipo empieza a barruntar que acaso el aula es todo el edificio; el profesor, el destino; la lección, la experiencia (o el tedio); y el edificio es el mundo, su itinerario, un oscuro laberinto de elecciones equivocadas... y así quién sabe cuántas payasadas más o menos borgeanas...

Resuelven, por tanto (y provisionalmente), confiar su fortuna a la buena voluntad de algún caritativo congénere. Sin dar un paso más, el tipo apunta con el mentón hacia la primera puerta que ve abierta y consulta con perentoria humildad:

"¿esto qué es?"

Ante lo cual, la buena señora cuya providencial presencia otorga un inesperado papel en el drama académico que nos ocupa, se ve en la obligación de responder:

"El Teórico de Epistemología. Primer Año."

El tipo (no sin cierto comedido heroísmo) se apura a arrastrar a su compañero hasta la puerta en cuestión --que resultará ser, según se confirmara más tarde, la entrada al Salón de Actos de la venerable institución--. Lo apremiaba el horario, y se abocó sin demora a encontrar un lugar en el concurrido recinto. Ya tendrá tiempo luego de reflexionar sobre la maldad o la estipidez intrínseca de la especie humana.

"Tetas , porque ustedes ven que digo tetas y todos prestan atención. Tetas. Es como una caricia al oído, ¿no? Una tibieza atávica, una mariposa de ternura... ¿No les parece?... Miren, si no, cómo hasta los dos alumnos que acaban de entrar, y no tienen idea de lo que veníamos hablando, se paran a escuchar..."

El tipo ya no está para ofenderse, ni siquiera para acusar recibo. Intenta, con inocencia, bosquejar mentalmente una descripción del orador: fracasa espectacularmente. Atina sólo a minimizarse en su asiento, con humildad de roedor perplejo.

"...porque si yo digo que estuve viendo tetas, tetas grandes, generosas, desparejas, respingonas, antipáticas, abismales, chuecas, chiquititas, explosivas... De todo, fíjense ustedes... Digo tetas libres, sueltas, tetas caídas, tetas autóctonas, tetas crueles, tetas de diseño, tetas desparramadas, tetas asquerosas, tetas inocentes, tetas largas, tetas blandas, tetas espeluznantes, tetas frígidas..."


El tipo reflexiona que la Epistemología debe de ser algo un tanto más interesante que lo que le habían informado. Por las dudas, sigue escuchando...

"Si yo les digo que estuve viendo todas esas tetas que les digo que estuve viendo... y después les pregunto, ¿estuve mirando tetas? ¿Ustedes qué dicen? ... Respóndanse primero a sí mismos, no aventuren cualquier respuesta..."

El tipo aguanta sin mínimo amago de sonrisa, y para estas alturas ya se cree con pleno derecho a considerarse un auténtico estoico de la educación superior.
"...representaciones, porque lo que comparaba eran representaciones, ¿entienden?..."

Ni mueca de asombro, ni suspiro delator; el tipo, todo un maestro zen.
" Porque ahora todo el mundo se 'separa'. Bah, dice que se separa. Porque nadie se separa de aquel al que el amor lo unió por aunque sea un segundo... Y ni les cuento de los que hablan de las causas... que el trabajo, que la secretaria, que no se le ríen de los chistes, que el tema del chizito insatisfactorio o la inadecuada lubricación. No entienden que nadie se separa de nadie. ¿Y si tienen hijos? ¿Qué van a hacer? ¿Los van a descuartizar? Si me decís que estás vivo no me podés decir que tus padres están separados, porque están en tu cuerpo. Y si te enfermás o te morís, seguro tus padres van juntos al hospital o al entierro..."

El tipo entiende (ahora, mientras escribe estas líneas) que su limitado espíritu no retiene toda la amplitud del discurso, sino las partes más pobres, más mezquinamente sensatas. Pero en aquel entonces (que seguirá siendo ahora a los efectos de la coherencia de la narración, y a despecho de la sintaxis) el tipo se plantea seriamente que, de tener a mano una conveniente cámara escondida, nada le impediría dejar chiquito al mismísimo Buñuel; se convence de que, si fuera poseedor del provechoso arte de la taquigrafía, no se le haría muy difícil encontrar un editor con el coraje de revivir el surrealismo. Se cuestiona aún, aunque brevemente, sobre la naturaleza de la disciplina epistemológica, pero le han advertido que la Academia opera de maneras misteriosas. Además, se está divirtiendo demasiado, y encima gratis.
El orador naufraga gozosamente por sucesivos o simultáneos océanos de incoherencia. Enseña, a su manera, que lo vulgar y lo épico son puntos de un mismo círculo.
Llegado cierto feliz (o fatal) momento, el tipo y su compañero de aventuras se evaden del vertiginoso trance mediante una nueva consulta. Esta vez, va dirigida a una bonita joven con comprensibles trazas de mártir, o tal vez de zombie, pero su contenido es similar a la anterior.

"¿...?" (el tipo)

"Fundamentos de Psicólog..." alcanza a articular la solícita vampiresa mientras nuestros esforzados héroes emprenden una digna pero no por ello menos expeditiva retirada a lo largo y ancho del pasillo central.

"Claro, llegaron cuando hablábamos de tetas, y ahora que mencionamos úteros y placentas, estos alumnos huyen... ofendidos, seguramente, por mis palabras. Lo que me recuerda..."

El mundo es siempre más pequeño después de una larga travesía. En comparación, la breve entrevista con el profesor de Epistemología --que les explica que comenzará a dictar sus clases la semana siguiente-- tiene sabor a trámite y a derrota.

Sobre el tema del campo...


" And the riot squad they're restless
They need somewhere to go"

Bob Dylan, "Desolation Row"

lunes, 24 de marzo de 2008

Casus belli (esa pulsión)

Tomar el Cielo por la razón equivale a tomar el Cielo por las armas. Pero, si Dios no existe, que no me quiten mi fusil.

miércoles, 5 de marzo de 2008

Sísifo

Hacia las dos de la tarde hay pocos negocios abiertos en mi barrio. La estación de servicio, esa blanca e imponente obviedad, es casi la única opción.
Entro y lo veo al tipo. Tiene la cara teñida de trompadas u otros desastres naturales. El espíritu--se nota-- le está empezando a pesar, especialmente en el codo izquierdo. Pero el mostrador no es mostrador, no es barra hospitalaria y muda: es una frágil entelequia de cristal, refulgente de multicolores y odiosas golosinas. De todos modos es demasiado baja, y el tipo no está para acrobacias.
"...crudo, cocido y queso, o queso solo."
"Un triple. De jamón y queso."
La empleada, que todavía está tratando de descifrar algunas cosas, se ve en la obligación de aclarar:
"Están todos en esas heladeras. Elija el que más le guste"
Y el tipo, firme en lo suyo:
"¿Y algo para tomar? ¿Pomelo?"
"Las gaseosas están en la heladera de al lado."
"Bueno: eso. Y una medida de fernet."(el tipo, ya de alguna manera reconciliado con la existencia)
"No, Fernet le podemos ofrecer solamente en botella. Son esas que ve ahí." (la chica, sensible pero instruida en evitar silencios incómodos.)
"Pero, yo digo para mezclar con el pomelo."
"Le repito, le puedo vender la botella."
(silencio inevitable)
"Pero..."
Hay en el tipo un visible reagrupamiento de tropas y una mirada, exenta de rencor, que atraviesa antes que él la puerta transparente.
Lo aplana el sol de la siesta. Alguna mosca enturbia su sombra -corta- que se aleja.

viernes, 29 de febrero de 2008

Pecado Original

Es ese inmundo frenesí. Ese milagro repugnante y asombroso del cual no sabemos bien a quién culpar.

Es eso que descubrimos siempre por primera vez, milenios después de tantos otros.

Es causa de más de una epidemia incurable, y hay quienes intentan evitarlo por pudor o por higiene.

Es una batalla perdida de antemano: un duelo desigual que no sabemos ni queremos evitar.

Nos promete la gloria; nos asegura la humillación.

Nos ennoblece y nos degrada.

Nos obliga a traicionar y traicionarnos.

No podemos evitar preocuparnos durante toda la vida por nuestro humilde desempeño, pasado o futuro.

Es la más seria trivialidad, la más honda superficie.

Es el guante de hierro sobre el puño de terciopelo.

Es un látigo, un escudo, un precipicio.

Es un ansia que no se cura con ninguna enfermedad. Se sabe que resiste a los años, y a la sabiduría.

Nos concentra, nos diluye, nos enfrenta, nos acerca, nos aísla, nos transforma, nos derrumba, nos construye.

Curiosamente (o no tanto) siempre es mejor en proyecto. Siempre es más minucioso desde el recuerdo.

Pero no nos engañemos: puede ser tedioso, monótono, egoísta o ajeno.

No siempre cura las heridas que provoca.

Y sin embargo es ese laberinto que esconde lo que somos. Es esa puerta infranqueable que nos niega lo que quisiéramos ser.

Nos hace solemnes, torpes, ridículos, pomposos, adultos u otras cosas peores...

Es un acto terrible de tiranía y sumisión radicales --y simultáneas--.

Exige una desnudez impúdica. Impone una indecente intimidad.

Nos arrastra fuera del tiempo, para ahogarnos sin remedio en lo más profundo de su cauce.

Nos pasamos la vida volviendo a empezar, intentando posiciones nuevas, apelando a recetas más o menos célebres, más o menos sospechosas; sin embargo sabemos que, a pesar de nuestros esfuerzos, en algún momento termina, y volverá a terminar.

Es todo eso y acaso muchas otras cosas, pero siempre deja atrás esa misma sensación de vacío. Aunque ese vacío multiplique burdeles y desborde bibliotecas; aunque ese vacío funde imperios o desate las más violentas conflagraciones.
Aunque sea justamente ese vacío lo que hace girar al mundo.

PD: A los que hayan llegado hasta acá, me veo en la obligación de agradecerles y confesarles que podría haberles ahorrado preciosos segundos de su vida si hubiera empezado con la frase : "Escribir es como el sexo".

Pero, sinceramente, tampoco quería privarme del placer de que acabáramos juntos.

Solipsismo (Mínimas II)


entre azulejos
busca amor sin traiciones
el onanista

miércoles, 20 de febrero de 2008

domingo, 17 de febrero de 2008

Wasteland

El campo de juegos de nuestra infancia --ese feroz paraíso de aromas explosivos y esquivos fulgores, ese pedazo de lo mejor de nuestro aliento-- es hoy poco más que un baldío memorable.

Y por más que duela en el centro de la frente,
por más que joda,
por más vueltas que le demos,

la culpa no es del tiempo

la culpa no es de otros.


Papá Noel no existe.

Pero hay tantas otras crueldades
que no supimos comprender a tiempo
que se hoy se abalanzan
con el siniestro peso
de las certezas
tristes.

¿Por qué será la daga más afilada
siempre la más inevitable
la más irresistible
la más inútil?

La culpa nunca espera
ni se hace esperar

ni respeta las reglas más sencillas
más elementales

¿Dónde habremos perdido los zapatos
y el agua fresca?
¿Por qué el buen Dios ya no siembra
pasto de Reyes?

¿Y dónde está el tramposo
que sopla todas las respuestas?

jueves, 14 de febrero de 2008

Si de niño...

Un río enamorado.
Dioses numerosos, indescifrables, pestilentes o estresados.
Un espectro enfermo de soledad.
Un dragón esclavo y un dragón contaminado.
Brujas, sapos, despedidas.
Un tren, pajaritos de papel, flores marchitas.

Si de niño me hubieran enseñado a soñar...


El viaje de Chihiro

lunes, 11 de febrero de 2008

Drogas Duras

Instrucciones para evitar resacas, adicciones y efectos secundarios.

No dejes que te convenzan de aspirar la luz de la mañana, de aspirar a la grandeza, a la bondad, a la aspirina. ( y ya que estamos, por favor no te permitas chistes malos ni juegos de palabras ni guiños ni maldades ni fallos ni reincidencias ni redundancias ni dislálicas, obvias influencias.)

No te abandones al confortable sopor de la mediocridad pero aprende a escapar también del áspero y mezquino camino a la excelencia.

No leas Dostoievsky, ni Salinger ni Whitman. Sobre todo nada de Whitman. No importa cuántas veces te lo ofrezcan, no se te ocurra escuchar a la Negra Sosa, y menos a un tal Fandermole.

Bach, ni en broma; Hendrix, ni una dosis. Mantente lejos de todo tango y no accedas a la milonga traicionera. No añores la dulce zamba ni consientas el impúdico blues de los desesperados.

No transes ni por vicios menores. Resígnate a abdicar definitivamente de tus certeras opiniones, dejar Shakespeare a los eruditos, las caricias a las madres y los abrazos a los amantes.

No te zambullas jubiloso en la profunda superficie de la siempre inexplicable primavera.

No te asustes, no te emociones, no te humilles, no te traiciones. No pruebes nunca el tibio licor de la derrota.
No te enganches en el escepticismo y mucho menos en la fe: dura poco y de todas maneras es casi imposible conseguir de la buena.

No quieras enamorarte. No te enamores.

Aléjate de todo vértigo y todo misterio. Pero sobre todo, hagas lo que hagas, nunca, pero nunca te permitas soñar lágrimas de mujer.

jueves, 10 de enero de 2008

IT Lord (Alabados Seamos)

Dios se levanta alrededor de las cinco y media. No descerraja truenos ni derrumba montañas cuando se golpea el pie contra el armario ni cuando se le derrama el café; putea bajito y con ganas, pero sin rencor --con el tiempo aprendió a llevarse bien consigo mismo--.
Llega a la oficina con tiempo para revisar algunos titulares y olvidarlos completamente antes de ponerse a trabajar. Una vez en su escritorio, que no es más grande ni más chico que cualquiera, se dedica a hacer lo de siempre. Lo de siempre viene siendo inventar; mentir con gracia y convicción, con paciencia y sin apuro. No se le ocurre que pueda haber alguien que no entienda el chiste, que no extraiga la valiosa moraleja, que no se emocione hasta las lágrimas o que inopinadamente comience a pedir explicaciones.
No le son ajenas las sofisticaciones formales, las complicadas topografías de coraje, coincidencias y descuidos que forman la trama opaca de lágrimas y mortales sudores. Aunque en el fondo, el Tipo sabe que su oficio está en los detalles. Se reconoce en esas calles que ya no existen, en los relojeros y los sastres que las animaron sin estridencias. Si pudiera, estaría orgulloso del minucioso claroscuro de maravillas que su celestial obstinación se empeña en poner a punto.
Algún día va a encontrar la forma de suprimir los adjetivos y algún que otro adverbio; por el momento, se resigna sencillamente a ir ampliando de a poco el ríspido y cacofónico inventario apresurado y un tanto incoherente para el cual --aceptémoslo-- no le falta talento.

Dios es un blogger sin estilo pero con empecinada constancia. Como tantos otros bloggers, tiene sus fanáticos, sus detractores y sus críticos. Él también, como tantos otros (de nosotros), tiene problemas para probar que existe más allá de sus entradas. Él también es una posibilidad feliz. Y a veces nos hace recordar que a veces también nosotros somos posibilidades felices. Y que a veces hay alguien detrás del blog.

(Ojalá) Que Así Sea.

jueves, 3 de enero de 2008

Tic Tac Toe

Hoy pierdo contra cualquiera. Hoy me humilla el menos pintado. Hoy no hago tablas ni al Tatetí. Y sin embargo me tengo tan contra las cuerdas que no estoy seguro si festejar o tirar la toalla.

Hoy escribo más o menos intoxicado de rencores varios y lástimas propias y ajenas. Más o menos sin ganas de nada.

Y sin embargo acá estoy. Esperando que alguien venga a avisarme de una puta vez que ya está, que no hay vuelta, que no siga intentando.

Es una pose estúpida y vacía esta de tener un blog. Negarse a matenerlo, o ser incapaz de hacerlo, equivale a una pública admisión de derrota.

Como si la poesía fuera a salvarnos. Como si quedaran abrazos para los culpables, piedad para los inútiles, lágrimas para canallas. Como si alguien viera con mis ojos. Como si hubiera un sentido para todo (o al menos para algunas cosas importantes). Como si quedaran cosas importantes.

Escribir o negarse a escribir como si sirviera de algo. Amar o negarse a amar. Como si a alguien le importara. Arroparse en la blanda armadura de comodidad (o de hipocresía o de indiferencia o de miopía o de egoísmo) que llamamos felicidad. O sufrir diariamente el frío infierno de los cómodos, los hipócritas, los cortos de vista, los egoístas.

Ojalá exista alguna diferencia. Ojalá lo mejor y lo peor sean cosas diferentes. Ojalá no termine todo en tablas y ojalá existan derrotas definitivas y perfectas. Así ojalá, algún día, sea posible la belleza.